Como todos los años desde 1998 la web edge.org formula una pregunta a sus integrantes y amigos, entre los que se incluyen lo más selecto de la vanguardia científica, y al final de cada año el editor John Brockman recopila una selección de las respuestas y las edita en un libro. En 2015 podemos leer el resultado de la pregunta de 2014 ¿qué idea debe morir?  en referencia a qué ideas y desarrollos científicos han quedado obsoletos, qué conceptos son fallidos o deben quedar atrás, y en definitiva qué hay que redefinir para poder seguir avanzando en la evolución humana. La de 2015 es ¿qué piensas sobre las máquinas que piensan? en referencia al desarrollo de la inteligencia artificial, y la selección de respuestas se podrá leer en 2016 en el correspondiente libro .

El propio Brockman afirma “que la ciencia avanza por una serie de funerales” . Las viejas ideas se deben poner en el congelador para que puedan florecer las nuevas. Bajo tal premisa recoge una selección de 175 fascinantes y heterogéneas respuestas a la pregunta en forma de breves ensayos: escépticas, entusiastas, esperanzadoras, alentadoras y originales, crípticas e incluso sombrías y tenebrosas. Físicos, neurólogos, biólogos, químicos, matemáticos, filósofos y artistas se incluyen en el elenco de opinadores de todos los campos de la ciencia, investigación o pensamiento.

Aprecio una coincidencia general, que se da más explícitamente en unos que en otros,  en admitir la resistencia que solemos presentar para abandonar ideas asentadas  (en muchas ocasiones ya obsoletas) para desarrollar las nuevas, creando así obstáculos para la innovación. En el pasado los descubrimientos con frecuencia debían esperar una generación posterior para conseguir impulso. Hoy en día la principal característica del mundo en que vivimos es la rápida tasa de cambio en la que estamos inmersos, por lo que mantenerse a la vanguardia o impulsar nuevos conceptos requiere  soltar lastre de nociones caducas y adoptar las nuevas sin condicionantes que distorsionen perspectivas diferentes.

Encontraras respuestas que  ofrecen ajustes a teorías existentes para adaptarse más fielmente a los nuevos descubrimientos, mientras que otras requieren cambios más radicales (por ejemplo abandonar el uso de ratones de laboratorio porque son pésimos sustitutos de las personas para desarrollar nuevos fármacos). Otras respuestas exigen desechar teorías asentadas: un número importante de físicos estaría feliz de arrinconar la teoría de cuerdas para siempre, porque ya han aprendido que en sí misma es una idea vacía. Otros ensayos entran en temas más amplios sugiriendo la forma en que se diseñan los experimentos y también algunas que demuestran qué ideas erróneas sobre teoría antiguas  permanecen en los medios de comunicación incluso después de que hayan sido desmentidas.

No es una lectura fácil. Muchas de las respuestas son complejas y necesitan toda tu atención para saber de lo que habla el personaje (cuestionar la teoría de cuerdas del universo, el concepto de infinito o algunas explicaciones neurológicas del cerebro tienen su aquel), pero las respuestas no ocupan más de un par de páginas y las hay de lo más diverso. Realmente muchas de ellas abruman exhibiendo un derroche de capacidad intelectual.

Encontrarás respuestas sobre la democratización de la inteligencia artificial, la genómica personal y el fin de la mayoría de las enfermedades, comunicación “tipo wifi” cerebral, la llegada de la “eternidad” porque seamos capaces de cambiar nuestro cerebro de “recipiente”, nuestra errónea concepción del funcionamiento cerebral, los orígenes del universo, la renuncia al esencialismo (de Richard Dawkins, mira tu por dónde), la división entre la mente y la materia,  respuestas de gente como Nassim Nicholas Taleb, Steven Pinker, Andrei Linde, Frank Wilczek, Richard Taler, Brian Eno, Jared Diamon, Daniel Goleman, Lawrence Krauss, Nicholas Carr, Rebecca Newberger Goldstein, Matt Ridley, Stewart Brand, Sean Carroll, Daniel C. Dennett, Helen Fisher, Douglas Rushkoff, Lee Smolin y así hasta 175.

Un libro tan interesante como difícil.

 

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