El panorama actual del cine, la televisión y la literatura relacionados con ciencia ficción adolece de una notoria escasez de originalidad. Las historias tienden a la uniformidad  buscando asegurar la rentabilidad. Se insiste en lo que funciona y eso se traduce en  tramas poco trabajadas en las que no se aprecia esfuerzo en lo que se cuenta, apostando sin pudor el éxito de la historia a unos efectos especiales cada vez más impactantes y reales. La novela de Andy Weir podría describirse someramente como una historia de ciencia ficción de las de antes. El Marciano insufla un chute de frescura en el saturado mercado de superhéroes, naves colosales y alianzas interestelares. Revitaliza el género escribiendo una auténtica novela de aventuras, porque eso es en esencia este libro, una novela de aventuras al estilo de Julio Verne como apostilla Miquel Barceló en el prólogo de la edición española. Barceló hace referencia a La Isla Misteriosa, aunque a mí me recuerda inevitablemente al Robinson Crusoe de Daniel Defoe que tantas veces releí de adolescente.

Un astronauta es abandonado por el resto de la tripulación durante una misión en Marte cuando lo creen fallecido víctima de un accidente. A partir de ese momento el hombre luchará por sobrevivir ansiando un  improbable rescate. Weir cuenta la historia como algo factible porque lo hace describiendo la tecnología y los medios actuales disponibles por el hombre. No situa la acción en un futuro lejano en el que disponemos de naves espaciales que saltan entre planetas en cuestión de minutos o podríamos enviar un equipo alienígena “aliado” a recoger al olvidado, sino que la acción transcurre en un contexto presente. Además, en todo momento centra la historia en la aventura de sobrevivir, sin desviarse a pensamientos y reflexiones profundas existencialistas o instrospectivas del personaje, sino en el pragmatismo y la determinación que en todo momento este astronauta, ingeniero y botánico, despliega para sobrevivir en un territorio y condiciones tan inhóspitas; igual que Robinson Crusoe. Y por establecer más paralelismos, lo hace a través del diario que escribe relatando sus planes de superviviencia y cómo los lleva a la práctica. Te sumerge en la aventura de sobrevivir sin perderse en parrafadas sobre el sufrimiento y las adversidades y dota al personaje de un sentido del humor muy sarcástico y socorrido para afrontar mejor las penurias.

Aunque en algunos momentos el personaje  se excede en explicaciones técnicas sobre el uso de la tecnología a su alcance, no lastra el ritmo de la historia  y soporta convincentemente esta auténtica “road-movie”.

Andy Weir se autopublicó en Amazon contando la historia por capítulos y fue tal su éxito que una editorial se terminó fijando en él e impulsó  la novela. Posteriormente  Ridley Scott adquirió los derechos y la película llegará a la cartelera española en noviembre de 2015.

La novela está de  plena actualidad porque son varios los planes reales existentes para enviar misiones tripuladas a Marte antes de diez años, y  la NASA está financiando  programas en tecnología de motores de plasma (que ya funcionan a nivel de prototipo  con potencias aún insuficientes, pero factibles a medio plazo) que lograrán llevarnos al planeta rojo en travesías que no durarían más de dos meses. Una novela de aventuras que quizás en menos de diez años podría no ser ciencia ficción.

 

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