La mayoría de los científicos buscan continuamente respuestas a todo tipo de preguntas, ¿qué ha provocado esto?, ¿qué causa una determinada enfermedad? en definitiva, qué causas activan cualquier fenómeno. No obstante, no hace falta ser científico para cuestionarse muchas cosas, como por ejemplo, ¿cómo se regula la vida en el planeta?, es decir, cómo las poblaciones de seres vivos, especialmente las animales, encuentran siempre el equilibrio necesario para sobrevivir. ¿Por qué si hay muchos herbívoros en un determinado ecosistema, y por tanto alimento para depredadores,  no crece el número de estos de manera sustancial o incluso desproporcionada? Sean B. Carrol se hizo esta pregunta la primera vez que visitó el famoso parque natural africano del Serengeti y a partir de ahí se propuso buscar respuestas, escribiendo un libro audaz sobre cómo funciona la vida en la Tierra.

Carroll es uno de los grandes de la biología actual, profesor de biología molecular y genética en la Universidad de Wisconsin, vicepresidente del departamento de educación científica del Howard Hughes Medical Institute y finalista del National Book Award entre otros. La idea de que nuestro planeta es un sistema vivo y autorregulado no es nueva, pero lo que hace Carrol en este libro es razonar y describir las seis leyes concretas que rigen el funcionamiento de ese supraorganismo global que pueden agruparse en dos afirmaciones fundamentales: “Primero: “igual que existen leyes que determinan la cantidad de moléculas que ha de haber en nuestro cuerpo, existen otras leyes que determinan la cantidad de animales y plantas que deben de existir sobre la Tierra. Segunda: las leyes que regulan la vida a escala humana son las mismas que regulan la vida a escala planetaria“.

Curiosamente, las seis leyes están interconectadas entre sí bajo una premisa que se convierte en el principal argumento del texto: la vida, desde los genes de cualquier ser vivo hasta los ecosistemas que habitan, está regulada de arriba hacia abajo por los depredadores (las denominadas cascadas tróficas), una poderosa idea que puede ayudar a idear curar enfermedades y regenerar hábitats naturales. El esquema simplificador de Carroll tiene una clave con la que se termina explicando todo y que él denomina “regulación doble negativa”. Muy a menudo en biología, un proceso puede iniciarse solo desbloqueando un proceso inhibidor preexistente.En los años cincuenta los biólogos franceses Jacques Monod y Francois Jacob lo descubrieron trabajando un una batería que podía vivir con dos tipos de azucares. Se dieron cuenta que la bactería, un organismo extremadamente simple y sin “cerebro”, cuando se alimentaba de uno de los azúcares usaba un represor genético para desactivar el gen que usaba para metabolizar el otro azúcar: una medida de economía. La activación de genes requiere, por tanto, apagar los represores. Como dice Carroll en el libro, “uno puede moverse bien acelerando o bien quitando el freno”.  Algo tan básico fue fundamental para conseguir importantes avances en la década de los ochenta en el estudio de los cánceres y por tanto en la búsqueda de curas. A través de las historias de científicos como los anteriormente mencionados durante varias décadas, Carroll construye un fascinante relato sobre la búsqueda de las leyes que regulan la vida a través de sus protagonistas, en un auténtico alegato de confianza en la ciencia y una llamada a la acción. El ser humano se ha convertido en una especie con un impacto sin precedentes dentro del ecosistema global. Su acción ha provocado desequilibrios que ya empiezan a volverse en su contra, pero si el ser humano aplica el conocimiento resumido en estas “Leyes del Serengeti” es posible evitar el desastre.

No es un libro sobre Medio Ambiente o Naturaleza, es un auténtico texto embriagador sobre las claves de cómo funciona la vida en la Tierra, desde la perspectiva global y el equilibrio entre los seres vivos que la habitan partiendo desde el propio funcionamiento a nivel celular de los mismos, contado de una manera tan asequible que resulta adictivo e intelectualmente reconfortante.