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The Book Hunter

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Medio Ambiente

Las leyes del Serengeti

La mayoría de los científicos buscan continuamente respuestas a todo tipo de preguntas, ¿qué ha provocado esto?, ¿qué causa una determinada enfermedad? en definitiva, qué causas activan cualquier fenómeno. No obstante, no hace falta ser científico para cuestionarse muchas cosas, como por ejemplo, ¿cómo se regula la vida en el planeta?, es decir, cómo las poblaciones de seres vivos, especialmente las animales, encuentran siempre el equilibrio necesario para sobrevivir. ¿Por qué si hay muchos herbívoros en un determinado ecosistema, y por tanto alimento para depredadores,  no crece el número de estos de manera sustancial o incluso desproporcionada? Sean B. Carrol se hizo esta pregunta la primera vez que visitó el famoso parque natural africano del Serengeti y a partir de ahí se propuso buscar respuestas, escribiendo un libro audaz sobre cómo funciona la vida en la Tierra.

Carroll es uno de los grandes de la biología actual, profesor de biología molecular y genética en la Universidad de Wisconsin, vicepresidente del departamento de educación científica del Howard Hughes Medical Institute y finalista del National Book Award entre otros. La idea de que nuestro planeta es un sistema vivo y autorregulado no es nueva, pero lo que hace Carrol en este libro es razonar y describir las seis leyes concretas que rigen el funcionamiento de ese supraorganismo global que pueden agruparse en dos afirmaciones fundamentales: “Primero: “igual que existen leyes que determinan la cantidad de moléculas que ha de haber en nuestro cuerpo, existen otras leyes que determinan la cantidad de animales y plantas que deben de existir sobre la Tierra. Segunda: las leyes que regulan la vida a escala humana son las mismas que regulan la vida a escala planetaria“. Seguir leyendo “Las leyes del Serengeti”

El planeta inhóspito

Que el medioambiente que nos rodea está afectado por la acción directa del ser humano es algo que ya conocemos todos. El clima se ha vuelto extraño y poco predecible, precisamente cuándo más herramientas tenemos para pronosticarlo, las capas de hielo se están derritiendo y la lista de especies animales en peligro de extinción no para de engordar. Sabemos que nuestros hijos, y los hijos de nuestros hijos, si son imprudentes o lo suficientemente valientes para reproducirse, se enfrentaran a ciudades costeras desaparecidas, tormentas cada vez más virulentas y catastróficas, incendios masivos y sequías que arruinarán extensas áreas de terreno. Digamos que hay un sentido general de todo eso que se nos cuenta, pero  ¿entendemos realmente la escala de lo que nos viene? Ese es el objetivo del libro de David Wallace-Wells, diseccionarnos con precisión -añadir que catastrofista se quedaría corto- las consecuencias que sufriremos si no tomamos medidas, reales, globales y mastodónticas, al respecto. Porque el quid de la cuestión  es que según él no calibramos la magnitud del problema, que es “peor, mucho peor, de lo que crees“. Seguir leyendo “El planeta inhóspito”

Entre la considerable cantidad de lecturas que en los últimos años se centran en predecir el catastrófico futuro de la humanidad, bien sea por el incontrolable desarrollo tecnológico que provocaría (entre otras cosas) que los robots nos exterminaran o que el daño medioambiental que infringimos al planeta sea irreparable e irreversible, encuentro el refrescante  En el futuro, perspectivas para la humanidad, del reputado científico y astrónomo Martin Rees. En su caso, más que criticar a los catastrofistas o alinearse con los más optimistas, precisamente por el grado de desarrollo que experimenta la humanidad, adopta una interesante posición equidistante para disertar con rigor y proponer argumentos constructivos, dejando claro que ese buen futuro que él visualiza es posible siempre y cuando estemos dispuestos a utilizar sabiamente la ciencia y tecnología que actualmente desarrollamos, lo que pasa por trabajar colectivamente y con sentido común.
El enfoque humano hacia el futuro suele ser cortoplacista a ojos de los gobernantes, siempre preocupados por su permanencia en el poder, lo que conduce a debates polarizadores con retórica alarmista y un pesimismo que normalmente se basa en desinformación. La mejor manera de eludir los riesgos distópicos que muchos vaticinan es pensando de manera racional y global a largo plazo, para lo cual líderes de opinión y científicos deberían colaborar activamente en todas las disciplinas. Para Rees eso pasa por no perder de vista donde estamos y de dónde venimos, por no cegarnos exclusivamente en el desarrollo tecnológico (sí, ese que nos llevará a colonizar otros planetas, por ejemplo) dando de lado, paradójicamente, a la multitud de problemas a los que se enfrenta el mundo actual. Prepararse para el futuro sabiendo cuáles son los errores pasados y actuales, en un acto de equilibrio global que negocie el desarrollo de la tecnología necesaria para abordar los desequilibrios de la pobreza, soluciones al cambio climático y a los conflictos bélicos. Eso no significa que haya que pisar el freno del desarrollo tecnológico, sino redirigirlo focalizando la atención en científicos e ingenieros y menos en políticos e intereses empresariales. La gran pregunta es cómo hacerlo con un grado óptimo y eficaz de cooperación internacional.
Un libro persuasivo, estimulante y riguroso, impregnado de un emotivo esfuerzo del autor por apelar al sentimiento de responsabilidad: ¿queremos pasar a la historia como la generación que fue consciente de los problemas que estaba creando y no hizo nada?

10.000 MILLONES

Hace un par de años leí el libro del científico Stephen Emmott, 10.000 millones, un texto que levantó todo tipo de polémicas en la comunidad científica, y que fue calificado por muchos como ensayo de “terror”. El libro me resultó tan interesante como inquietante y catastrofista, un alegato apocalíptico sobre la liquidación del medio ambiente  y la consecuente desaparición de la raza humana. Una población que no deja de crecer exponencialmente (de ahí el título, 10.000 millones de personas a corto plazo) y que agota imparable los recursos naturales disponibles. Emmot abruma con un derroche contundente de datos que avalan sus predicciones, y aunque difícilmente discutibles, algunos de ellos fueron rebatidos en su día. La relevancia de Emmott, y la importancia del tema, catapultaron el libro que también inspiró un exitoso documental. En mi caso tomé su lectura como una agitación de conciencias, y traigo a colación la recomendación del libro por la charla Ted de este post. Al Gore se siente optimista, porque nuestras conciencias parecen estar despertando a nivel global y comenzamos a tomar medidas que eviten la destrucción del planeta. Sin ánimo de poner paños calientes a lo que Stephen Emmott describe en su libro, la realidad de nuestra pésima gestión ambiental, quizás encontremos el equilibro adecuado para reflexionar sobre nuestro comportamiento como especie, a medio camino entre las profecías de Emmott y las acciones emprendidas que invitan al optimismo de Gore.

10.000 millones

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