Hans Rosling ejerció su profesión de médico durante décadas, tratando enfermos de poblaciones desfavorecidas de África y Asia al principio de su carrera profesional, posteriormente desarrollando tareas investigadoras y en los últimos años como divulgador y aclamado conferenciante. En todos esos años fue percibiendo que la visión que gente tiene sobre el mundo es monolítica y que es difícil de cambiar porque tiene que ver con cómo funciona nuestro cerebro. No solo los habitantes de los países y regiones más desarrolladas tienen una concepción repleta de prejuicios y clichés de los “otros” -como automática y desafortunadamente piensa el occidental cuando habla de los menos favorecidos-, sino que los propios habitantes de las zonas con un nivel de vida inferior también muestran una visión “distorsionada” del mundo. Guerra, violencia, desastres naturales, corrupción. Las cosas van mal y parece que empeoran cada vez más. Los ricos se hacen más ricos y los pobres más pobres; el número de pobres no deja de crecer y nos quedaremos sin recursos naturales a menos que hagamos algo. Esa es la imagen que la mayoría de occidentales recibe de los medios de comunicación y tiene en su cabeza. Para Rosling, una concepción del mundo excesivamente dramática, estresante y sobre todo, engañosa. Con Factfulness desmonta, mediante datos contrastados,  muchos de los mitos e ideas preconcebidas que tenemos sobre el mundo, con el espíritu de hacernos progresar de manera global. Su idea no es contrarrestar todas las noticias negativas con más noticias positivas. Eso sería inclinar, interesadamente, la balanza hacía el lado contrario. Para él sería “como contrarrestar un exceso de azúcar con un exceso de sal”. El objetivo del libro es convencer aportando al lector, al menos,  dos ideas que hagan a la mente cuestionarse las cosas para poder comparar y opinar.

Lo primero que hace Rosling es clasificar en cuatro niveles la calidad de vida de los habitantes del planeta:  el nivel cuatro para los que viven con más ingresos, siendo el uno para los que viven en el mayor nivel de pobreza posible. Porque el primer error en el que caemos, especialmente en los países con mayor nivel de vida, es dividir el mundo entre “nosotros” y los “otros”. ¿Por qué importa esta clasificación en cuatro niveles? Porque es difícil retomar el proceso si se divide el mundo en países ricos y países pobres. Primero, de esa manera caemos en el error de tildar de “pobre” a todo el que no tenga la calidad de vida de la sociedad más próspera. Segundo, porque no es cierto, tal y como demuestra Rosling con su clasificación. Para él, es como asomarse en la terraza del rascacielos más alto y mirar la ciudad bajo sus pies. Todos los demás edificios parecerán más bajitos, ya sean de diez o de cincuenta plantas. Sería lo mismo con los ingresos y/o poder adquisitivo de las personas. La vida es significativamente mejor para aquellos en el nivel dos que para los del nivel uno, pero es difícil ver eso desde el nivel cuatro a menos que se sepa “mirar”.

El estilo del autor es tremendamente pedagógico, y aunque se apoya en multitud de datos gráficos y estadísticos -necesariamente-, en ningún momento el texto es aburrido o pesado.Todo lo contrario: engancha. Cada capítulo en el que divide el libro se centra en corregir las formas en las que sistemáticamente malinterpretamos la información, porque tendemos a suponer que las tendencias -de todo tipo- son lineales, sin darnos cuenta que los procesos de cambio, aunque lentos, se están produciendo en el mundo; nos enfocamos en resultados extremos o excepcionales -sensacionalistas- sin considerar su peso probabilístico. Porque hoy día, el 80% de la población mundial tiene acceso a la electricidad, mueren menos niños que nunca en la historia por enfermedades tempranas y la proporción de personas que viven en la pobreza extrema se ha reducido a la mitad en los últimos veinte años; la esperanza de media de vida al nacer aumentó globalmente hasta los 70 años de edad. Pero si preguntas sobre este tipo de cuestiones en encuestas -como hizo Rosling y su equipo durante años- la gran mayoría de las personas en la mayoría de los países contestarán erróneamente; “cometen más errores de los que habrían hecho si hubieran respondido al azar”.

Rosling evita una perspectiva eurocéntrica del mundo, deslizando el foco en favor de una visión global e histórica, invitando a considerar que la forma en la que Occidente opera puede no ser el modelo óptimo para siempre. Incluso advierte, reiteradas veces, de la poca visión “capitalista” de los occidentales en materia económica, pues están ignorando -por desinformación- a miles de millones de potenciales consumidores de los niveles 1, 2 y 3, que son el futuro del planeta.

La humanidad no ha resuelto sus problemas y puede relajarse, eso lo deja bien claro el autor, pues queda aún mucha desigualdad y desequilibrio por mejorar, pero este libro sirve para matizar los grandes desafíos como especie que aún tenemos por delante para que podamos entender dónde gastar mejor nuestros recursos, dónde enfocar mejor nuestro tiempo y dónde mirar, en definitiva, mejor.

Una lectura obligatoria.

Para los que os desenvolvéis en inglés, os dejo el vídeo de Bill Gates sobre Factfulness, una de las lecturas que recomienda encarecidamente desde su publicación.