En 1957, David Willson, último vástago de una familia que fue propietaria de esclavos, vende un pedazo de su antigua plantación a su criado, Tucker Caliban, a su vez descendiente de un esclavo rebelde. Caliban toma la decisión de romper con sus ancestros y su pasado y, tras salar los campos en los que trabajaron sus antepasados, sacrificar el ganado y quemar su casa, decide salir del estado junto a su familia en un éxodo sin destino y sin razón aparente. Este es el argumento de la novela de Willian Melvin Kelley, una descarnada historia que se desarrolla en el sur profundo, en medio de la hostilidad racial  en la era temprana de los derechos civiles en EEUU y que llama la atención sobre el complicado nexo de opresión, intolerancia, reparación y culpa que heredaron muchos estadounidenses blancos después de la abolición de la esclavitud. Melvin Kelley plantea la narración desde el punto de vista de los testigos del peculiar éxodo, todos ellos blancos, con lo que la novela ofrece un estudio inquebrantable de la psique de las personas blancas de los otrora estados esclavistas del sur con un final que nos devuelve a los horrores del odio racial. Una buena novela rescatada recientemente del olvido, cuyo arrinconamiento en los estantes más apartados de la literatura estadounidense se debió probablemente a que muchos lectores blancos no querían que un escritor negro les dijera lo que pensaban.

Una de las elecciones ingeniosas del autor, además de entregar la narración a los personajes blancos, es hacer que Willson sea un blanco valiente y ético a su manera blanca privilegiada, una caracterización amable que extiende en otros personajes, por lo que llama la atención la imagen comprensiva que Kelly hace de los blancos y de la discriminación que sufrían los que se mostraban en contra de la segregación racial. Muchas de las observaciones de estos personajes están repletas de humor cáustico y son sorprendentemente compasivas, aunque frecuenta la sátira a la hora de describir las relaciones interraciales. Eso sí, no olvida a los que seguían mantenido posiciones supremacistas, tratando de perfilar la psicología de los esclavistas y los defensores de la desigualdad racial por considerarse humanos de primera clase, cuya beligerancia contra el cambio se fundamentaba en una retorcida incomprensión y la ira porque se consideraran iguales a personas de raza negra.

El título de la novela proviene de una cita de Henry David Thoreau: “Si un hombre no sigue el ritmo de sus compañeros, quizás sea porque escucha un tambor diferente”. Un tambor que, lamentablemente, siga sonando diferente sesenta años después, porque la historia de Kelley parece tan oportuna y tan urgente que constituye un regalo para la literatura que se haya redescubierto.

Un tambor diferente fue la primera novela de William Melvin Kelley, ganadora del premio de la Fundación John Hay Whitney y del premio de la fundación Rosenthal del Instituto Nacional de las Artes y las Letras de Estados Unidos.