Cuando Oliver Sacks murió en 2015, el mundo no solo perdió un formidable ensayista con una capacidad excepcional para conectar la ciencia con muchas facetas de la vida, también un sabio en el sentido más elemental. El río de la conciencia es una colección de mini ensayos que resumen perfectamente la sensibilidad intelectual y filosófica de este divulgador médico, escritos con la valentía y la contundente integridad que lo caracterizaron. Aunque varios de los ensayos de esta colección aparecieron anteriormente en The New York Review of Books (el libro está dedicado al difunto Robert Silvers, su editor de toda la vida), se leen como si hubieran sido escritos como uno solo. Contienen reflexiones sobre la evolución de la vida y la evolución de las ideas, sobre el funcionamiento de la memoria, el proceso de conciencia y la naturaleza de la creatividad, junto con los exámenes de sus propios errores y su “conciencia” sobre la enfermedad que lo mató. Es un volumen inmensamente satisfactorio que puede ser leído por los que leen por primera vez a Sacks como una introducción a la obra de un autor de una amplitud inusual del conocimiento. Fiel a su estilo, nos llevan suavemente y calurosamente a los laberintos de la psicología y a la rareza de la ciencia sin perdernos en el camino.

Sacks nos enseñó mucho acerca de cómo pensamos, recordamos y percibimos, acerca de cómo moldeamos nuestro sentido del mundo y de nosotros mismos. Sus estudios sobre los trastornos neurológicos causaron polémica muchas veces, incluso cuando su literatura trascendía la barrera científica. En El río de la conciencia, Sacks se mueve una y otra vez por temas que van desde la velocidad y el tiempo, la creatividad, la memoria y sus defectos, el desorden, la conciencia, la evolución y la botánica. En un fascinante ensayo sobre Charles Darwin, nos recuerda que Darwin estaba profundamente interesado en la botánica y pasó gran parte de su tiempo después de la publicación de El origen de las especies explorando la evolución de las plantas. Remarca que Darwin iluminó por primera vez la coevolución de plantas e insectos; Sacks siempre fue un apasionado de los insectos y de los animales en general, por lo que se permite deleitarse con muchos datos comparativos: un pulpo puede tener seis veces más neuronas que un ratón; muchas plantas poseen sistemas nerviosos que se mueven a una milésima de velocidad…

No hay una estructura lógica en el orden de los ensayos, ni hace falta. Algunas de las piezas más ligeras sufren una irremediable comparativa al estar incrustadas entre trabajos más sustanciales, pero no pierden interés, aunque él mismo alerta siempre de las consecuencias de exponerse a un torrente de demasiadas ideas: “Si la corriente de pensamiento es demasiado rápida, puede perderse, irrumpir en un torrente de distracciones superficiales y tangentes, disolverse en una brillante incoherencia, casi fantasmagórica, un delirio onírico”.

En definitiva, este recopilatorio es una estupenda oportunidad para recordar, o descubrir si nunca has leído nada suyo, a este grandísimo intelectual.