Sobre los huesos de los muertos es una novela de la reciente Premio Nobel de Literatura, Olga Tokarczuk, una amalgama de thriller, comedia y tratado político que refleja el gran intelecto de la autora y una sensibilidad sobre diversos temas actuales un tanto anárquica. Janina es una ingeniera de caminos retirada que enseña inglés en una escuela rural polaca. Cuando la rutina del pueblo se ve sacudida por una serie de asesinatos que tienen como víctimas a cazadores furtivos, la mujer, apasionada de la astrología y defensora de los animales intentará resolver por su cuenta los misteriosos crímenes. Una novela policiaca con mensaje ecologista en el que la ganadora del Nobel despliega una prosa espectacular y hace alarde de una técnica de escritura exquisita, pero al servicio de una historia soporífera y que aburre sin remedio. Para cuando la protagonista, Janina, decide tomar cartas en el asunto, el lector ha consumido más de la mitad de la novela esperando a que la trama se agilice, ralentizada en desgranar hasta la extenuación las rarezas astrológicas de la protagonista, su obsesión por la poesía de Willian Blake y su disección del entorno vecinal y natural en el que se mueve, espesando el ritmo del thriller. Hay quién dice que “el que escribe una novela para solo saber quién es el asesino” está desperdiciando el tiempo, que tiene que haber algo más detrás que sostenga el relato. La novela de Olga Tokarczuk no se limita a buscar quién es el asesino. Es una fábula existencialista con toques feministas y un homenaje camuflado a la poesía, pero la mezcla del género detectivesco con el costumbrismo rural no cuaja. Se centra en exceso en cuestiones existenciales que alienten el debate y agiten la conciencia del lector: ¿Qué significa ser humano y qué es ser animal? ¿Por qué matar un venado es deporte y a un ser humano es asesinato? ¿Y si elevamos los derechos de los animales al de los humanos, estarían sujetos a las mismas leyes? Porque si decimos que un animal ha sido asesinado, ¿podríamos igualmente acusarlo de asesinato? Aunque el desenlace se asemeja al típico desenmarañado de las pistas de una novela de Agatha Christie, solo la magnifica prosa de la autora sostiene la atención del relato, cuya lectura deja cierta sensación agridulce al final y empuja constantemente a la disyuntiva ¿obra maestra o ladrillo infumable?