¿Qué es el arte moderno? ¿Por qué se ama o se odia? ¿Y por qué es siempre tan exageradamente caro? El libro de Will Gompertz está dirigido a personas que sospechan que el arte moderno es una farsa, “pero, ahora que las modas y tendencias cambian a gran velocidad, descubren que no es socialmente aceptable decirlo”. Quizás hay que concederle a Gompertz un alto porcentaje de verdad en su afirmación, pero creo que todavía un amplio espectro de espectadores suele contemplar con desdén muchas obras de arte moderno. El intento de este crítico de arte por tratar de explicar cómo hay que enfrentarse a la visión y crítica de este tipo de obras es, sin duda, un buen paso para que muchos de nosotros se lo piense dos veces antes de usar expresiones como “esto lo  haría mi hijo de cuatro años“.

Gompertz construye un libro en el que reorienta la historia del arte moderno, alejándose del cubismo como sus orígenes y planteando otras corrientes. Más allá de su documentada apreciación personal, lo interesante es que consigue trazar cómo ha influenciado en el grado de abstracción de las obras, con el paso de las décadas, las apariciones de Duchamp, Picasso, Moreau, Warhold o Hirst y cómo se puede entender su pensamiento creativo. Lo que sí resulta contradictorio en su planteamiento, es que Gompertz escribe pensando en un lector “que no entiende nada” de este tipo de arte, pero en muchos pasajes se aprecia su dificultad por contener ese alma de experto en la materia, por lo que en ocasiones abruma con sus disertaciones.

En cuanto al estilo, esa tónica predomina durante todo el texto, de manera que la línea entre refrescante y pedante se entrelazan con frecuencia, generando en el lector emociones opuestas, pues lo mismo estimula el interés por seguir leyendo como te inunda el deseo de saltarte páginas, en lo que parece un inconsciente paralelismo con los sentimientos que genera una obra de arte moderno.

Divide el libro en diferentes secciones, en función de períodos de la historia o autores relevantes. No sé si influenciado por el momento actual o por verdadero reconocimiento, dedica una buena sección a las mujeres modernistas históricamente olvidadas -como en tantos otros aspectos- por los historiadores del arte. En el caso de Marina Abramovic, hace una profusa descripción de la exitosa exposición que protagonizó en el MOMA en 2010. Precisamente ella, o su mediática aparición en la escena artística, serviría para explicar en parte por qué el arte moderno ha pasado de ser casi un chiste de mal gusto a convertirse en algo respetado y reverenciado. Algo tiene que ver el dinero con esto. Se han gastado muchos fondos públicos en poner al día museos anticuados y han aparecido megarricos en la escena global que han hecho del arte su inversión favorita. En una especie de mundo paralelo a lo Matrix, mientras las bolsas caían y los bancos quebraban, el valor de determinados activos y artistas del arte moderno no ha hecho más que crecer. Esto genera una alteración del mercado y el por qué una determinada obra pasa de parecer irrelevante a un bien muy codiciado está sujeto a interes comerciales, algo que sin duda choca con el espíritu divulgativo de este libro. En ese sentido,  esta distorsión interesada influye en la creación artística en sí, por lo que una gran mayoría de público seguirá sin comprender por qué “esto lo habría hecho mi hijo de cuatro años” vale mucho más dinero que otro “esto lo habría hecho mi hijo de cuatro años“.

Un texto amplio, contundente, repleto de datos y sin duda toda una guía para poder conocer mejor la historia y ayudarse en la interpretación artística. Un libro que me recuerda el aforismo de Einstein “todos somos unos ignorantes, lo que pasa que no todos ignoramos las mismas cosas”, que tan excepcionalmente resume lo excitante que es el conocimiento de todo tipo, incluso el vinculado a expresiones creativas difíciles de comprender.