Cualquiera de nosotros querría mejorar sus capacidades creativas, pero en esto de ser imaginativo y creativo -que no son lo mismo aunque lo parezca; el creativo trata de llevar a cabo lo que imagina, el que imagina no pasa de ahí- la apreciación que cada uno tiene sobre su propia capacidad creativa puede ser muy limitante a la hora de tratar de mejorarla. El que lo es- creativo- no encuentra dificultad para hacerlo si se lo propone, se diría que es casi instintivo, adictivo. Por el contrario, el que se considera poco creativo no trata siquiera de buscar la manera de fomentar el pensamiento lateral, simplemente cree que no puede y no quiere ni esforzarse ni frustrarse. Se puede ser creativo de muchas maneras sin que caigamos en el estereotipo de que solo pueden serlo músicos, pintores, escultores, arquitectos o fotógrafos. Para centrarnos y no abrir demasiado la disertación vamos a entender creatividad como la capacidad de generar ideas. De eso va este libro Ágilmente de Estanislao Bachrach -Doctor en Biología Molecular y que ha sido investigador, entre otras instituciones, en Harvard- sobre la habilidad para imaginar y ser más creativos. Basándose en su propia experiencia investigadora y su conocimiento sobre el funcionamiento cerebral ha recopilado un buen puñado de técnicas, trucos y herramientas que mediante la aplicación correcta ayuden a entrenar la creatividad, independientemente del grado de capacidad que ya tengamos.

Después de leerlo, me queda la sensación que Bachrach muestra la creatividad como una golosina tangible, algo delicioso de lo que se puede obtener un sabor muy placentero y adictivo, con la ventaja de que es un dulce que no engorda y cuyo precio depende del grado de tesón y constancia que pongas al tratar de entrenarla. Ese es su primer gancho importante de lectura, el atractivo enfoque con el que aborda el tema. Bachrach consigue estructurar el texto de manera muy digerible y amena, porque plantea multitud de dinámicas -de lo más diverso y variopinto- para entrenar la generación de ideas a la par que desmenuza cómo funciona el cerebro en ese proceso, por qué, cuáles son los estímulos que lo favorecen, los que no, de manera que todos esos ejercicios, hábitos y herramientas que propone parten del análisis científico. Se apoya en constantes ejemplos y anécdotas de una manera tan ilustrativa que el mensaje cala, en resumen: sabe de lo que habla y lo mejor de todo, sabe explicarlo.

Construye su análisis a partir de tres ideas fundamentales y de la contradicción en la que nuestro cerebro vive permanentemente:

  1. El cerebro tiende a conservar energía; es decir en la medida de lo posible trata de trabajar lo menos posible
  2. El cerebro, contraviniendo lo anterior, tiende a querer más, un impulso que nos ha permitido evolucionar como especie
  3. Romper patrones como base para impulsar la generación de ideas.

El punto 2 refleja la necesidad de esfuerzo, disciplina y constancia que tenemos que aplicar para contrarrestar a 1 y conseguir lo que dice 3. Ágilmente es un texto que motiva para que nos esforcemos a instalarnos con frecuencia en el punto 2, romper los patrones mentales predominantes y generar nuevas asociaciones que se traduzcan en ideas creativas. Los patrones mentales son conexiones neuronales que el cerebro va construyendo con la experiencia y la acumulación de órdenes para evitar que tengamos que aprender contínuamente a cepillarnos los dientes, vestirnos o interpretar una señal de tráfico. De esa manera el cerebro ahorra energía para gastarla en otros menesteres o desafíos que se nos vayan presentando. Burlar esos patrones estableciendo nuevas asociaciones y nuevos caminos entre las neuronas es un esfuerzo que deriva en creatividad.

Me gustan muchos de sus paralelismos explicativos y los ejemplos o anécdotas que usa para afianzar la exposición. Por ejemplo, establece una metáfora muy ilustrativa al comparar el cerebro con una inmensa urbanización recorrida por cientos de avenidas principales, miles de calles secundarias y otras tantas de callejuelas. Un entramado por el que circulan estímulos y reacciones para configurar pensamientos, recuerdos, acciones. Por eso el cerebro -urbanización- tiene avenidas constantemente iluminadas y con circulación, otras en ocasiones y algunas infrautilizadas. En Ágilmente trata que seamos capaces de usar más avenidas y calles que rompan patrones y establezcan nuevos usos.

Como anécdota me quedo con la que cuenta sobre cuando atascado en una investigación no encontraba la forma de extraer conclusiones a la multitud de datos que había ido recopilando. Llevaba varios años investigando una rara enfermedad muscular pero no era capaz de poner en pie qué le decían los datos. Acudió a su jefe en Harvard que a su vez no supo ayudarlo científicamente. Sin embargo, le propuso que reuniera a la plantilla de limpiadores de la zona de edificios del complejo de laboratorios y departamentos de la institución y les explicara -en el lenguaje más sencillo y comprensible posible- en qué consistía su investigación y los resultados a los que había llegado. Resumiendo y para no desvelar el caso completo, para su asombro -no solo a la sugerencia de su jefe, sino al resultado que tuvo la reunión- la pregunta de una de las asistentes despertó un click en su mente y le hizo cambiar la perspectiva desde la que enfocaba el problema. Se replanteó algunos de los experimentos realizados dos años antes y cerró con éxito su investigación, culminando con la publicación de dos artículos que tuvieron impacto internacional en la comunidad científica.

Por cierto, deja claro que científicamente está demostrado que las mujeres tienen mayor predispoción antropológica a ser más creativas que los hombres -otra más que añadir a la amplia lista de las cosas en las que nos superan-. Para saber por qué tendrás que leer el libro.