Ben Macintyre vuelve a bordar un riguroso ensayo sobre el mundo del espionaje durante el período de la Guerra Fría. Lo hace además con su particular estilo narrativo, que consigue que el relato de los acontecimientos históricos parezca una trepidante novela del género de espías que hicieron popular escritores como Le Carré o Frederick Forsyth.

El procedimiento para que el Servicio Secreto Británico activara el plan de extracción de su hombre era fácil: en Moscú, el marido de un matrimonio de espías ingleses acudía a comprar pan los martes a las 19:30 a una panadería ubicada junto a un complejo diplomático de la capital rusa. Si alguna vez veía a un hombre (cuyo rostro no conocía) vestido con una gorra gris y portando una bolsa de plástico de los supermercados Safeway (en los años 80 en Rusia era altamente improbable, por no decir imposible, que alguien llevara una bolsa de plástico con logos extranjeros), debía pasar delante de él comiéndose una barrita de chocolate Mars (siempre llevaba una en el bolsillo y llegó a tener tantas sin usar que se ponían rancias). Era la señal acordada para confirmar que recibían el mensaje y que debían activar la fuga del hombre de la bolsa de Safeway y de su familia, el espía británico más importante de la Guerra Fría. Oleg Gordievsky, el tipo de la bolsa y la gorra gris, engañó durante once años a sus colegas del KGB y espió para el MI6. Sigue vivo, viviendo bajo un nombre falso en una casa segura de un anodino barrio de Inglaterra. Fue distinguido en el año 2007, durante las celebraciones del cumpleaños de la reina Isabel y entregado por ella misma, con la Orden de San Miguel.

Gordievsky no se convirtió en traidor  a cambio de dinero, sino por motivos ideológicos. Asignado durante años, primero en Dinamarca y posteriormente en Londres, como espía ruso del KGB, pudo comparar de primera mano el “estilo de vida capitalista” que los soviéticos demonizaban. Fue el empujón definitivo a un proceso de desencanto con su propio país que duró años. Reclutado muy joven por el KGB, donde su hermano mayor Vasili sirvió como espía, experimentó gradualmente la desafección con el mundo gris y totalitario soviético en la década de los sesenta cuando comenzó a leer periódicos occidentales en su etapa de aprendiz del KGB en Berlín. Destinado a Berlín Oriental justo cuando se levantaba el Muro, que ya le impactó, la invasión injustificada soviética de Checoslovaquia en 1968 germinó una semilla en su interior que años después determinaría “el curso de su propia vida”.

El libro de Macintyre es un deslumbrante thriller de no ficción que desentraña el funcionamiento de los servicios secretos de las principales potencias del mundo, en el que la realidad supera con creces a la ficción en muchos momentos, dejando al lector sorprendido de los recursos y esfuerzos de espionaje y contraespionaje que los dos bloques antagónicos desplegaron en un duelo en la sombra en el que jugaron con el futuro del planeta de haber provocado una Tercera Guerra Mundial nuclear con efectos devastadores.

Treinta años después, la exitosa fuga de Gordievsky sigue pareciendo tan increíble como de película. Sobrevivió a un interrogatorio de la KGB, a pesar de estar drogado con suero de la verdad,  dio la alarma con la bolsa de supermercado y fue sacado a través de Finlandia en un viaje espeluznante con persecución incluida del KGB; se vio obligado a dejar a su segunda esposa, Leila ( no tuvo la certeza de que no lo delataría si le contaba que planeaba huir) y a sus dos hijas en la URSS. Las negociaciones de la primera ministra británica Margaret Thatcher (durante los años de espionaje, incluso ella tenía vetado conocer su rostro y su verdadera identidad) con el presidente Gorvachov logró reunirlos seis años después, aunque el matrimonio no duró. Gordievsky jugó un profundo papel en los años posteriores a su fuga socavando el sistema soviético, sobre todo a la hora de desentrañar y explicar los entresijos del sistema y la paranoia política del régimen, especialmente la distorsionada y tiránica visión oscurantista dentro del KGB. Aunque la URSS se disolvió, él sigue condenado a muerte por una Rusia que hoy día preside Vladimir Putin, que en el año de la fuga era un joven agente del KGB en el departamento que vigilaba a Gordievsky cuando se comenzó a sospechar de su traición…