De Philip Kerr había leído hacía un par de años Mercado de invierno, atraído por su fama de buen novelista, pero no hubo feeling  y di la espalda al autorFallecido en marzo de 2018, se han reeditado algunas de sus novelas más conocidas y decidí darle otra oportunidad leyendo las primeras que le lanzaron al estrellato. Recopiladas como la Trilogía de Berlín, confieso que ha sido un acierto y un entretenimiento veraniego. Novela negra que recuerda poderosamente en su estilo a novelas detectivescas tipo Agatha Christie o las de espías que se fraguaron durante la Guerra Fría. En realidad y de carácter general, los enfoques de Christie o de escritores tan célebres como Le Carré, consisten en transmitir calma ante el crimen. El aire melancólico con el que suelen plantear escenarios e impregnar de una buena dosis de ironía al detective o espía de turno son elementos de manual, y hay que decir que Kerr los usa a la perfección en esta Trilogía de Berlín. Al contrario que hoy día, donde parece que el crimen y la maldad son algo estructural – y las novelas del género así lo asimilan- estos clásicos solían plantear que no había nada malo en el mundo, que generalmente el crimen de turno era cuestión de una manzana podrida que, una vez localizada, podía eliminarse. En cierta modo, así funciona esta trilogía, cada una con su historia y particular caso que resolver por Bernie Gunther, que así se llama el detective protagonista. Los amantes del género reconocerán -casi al instante de comenzar a leer- que es un detective estereotipado también de manual. Bebedor y fumador empedernido, mujeriego a la vez que caballeroso, incisivo y con ese sentido tan particular de la lealtad y del honor que rezuman estos ex-policías reconvertidos en investigadores privados. Resuelven casos por su habilidad para moverse entre líneas, es decir entre el bien -la policía- y el mundo del hampa, por la persistencia y la capacidad de atar pistas sin tener que estar dotados de un superpoder de deducción al estilo de Sherlock Holmes.

La violencia que aparece en estas historias es la necesaria para llegar a la manzana podrida, lo que no deja de reflejar cierta ambigüedad moral. Está justificada porque así era como se percibía entonces el peaje necesario para castigar la maldad. Eso hace que, en ocasiones, el protagonista de Kerr roce la frivolidad cuando se quita de en medio a algún maleante por exigencias del guión. Si ha matado a alguien de manera sangrienta, puede decir mientras se enciende un pitillo “debo parecer la última toga de Julio César”, o si ha tenido que sacar cierta información a golpes “la cara del tipo parecía un garaje con manchas brillantes y manchas de grasa”. El sarcasmo y la ironía con la que Kerr dota a Gunther alcanza cotas de gran nivel, pero recuerda al lector que está sintiendo simpatía por un tipo que no duda en usar la violencia hasta las últimas consecuencias para conseguir resolver un caso y cobrar sus honorarios. En eso existe un denominador común, porque tanto en los clásicos como en las novelas más recientes, al protagonista se le perdona toda la violencia que necesite desplegar si es en defensa del bien.

La Trilogía de Berlín entretiene porque los casos no tienen que beber de tramas enrevesadas, algo casi imprescindible hoy día para un escritor de éxito si quiere atraer a un público cada vez más exigente y más interesado en pasar su tiempo explorando las nuevas tecnologías. Lo que atrapa— y ese es sin duda el éxito de Kerr- es su manera de escribir y la empatía que consigue generar hacia el protagonista, con un punto canalla que embelesa. Por no mencionar la excelente labor de documentación realizada para transportar al lector al Berlín del auge del nazismo y el posterior a la derrota en la II Guerra Mundial -Réquiem alemán-. Los casos nada tienen que ver con el escenario político de entonces; robar joyas, asesinar por celos, extorsionar o chantajear son actos atemporales que siguen siendo producto de la cara más oscura del alma humana. Tramas sencillas y reconocibles, pero que siempre funcionan. La minuciosidad con la que Kerr describe la realidad alemana de entonces complementan pero no son necesarias para el guión, aunque le sirven para recordar que por terribles que sean los delitos que investiga Bernie Gunther, el ser humano es capaz de cometer de manera colectiva atrocidades mucho más deleznables.

Kerr escribió otros diez libros con las andanzas de Gunther. Novela negra de la buena, pero en mi caso -con una extensa y apetecible lista de lecturas por delante- con tres es más que suficiente.