Se ha reeditado Tres Sombras, la maravillosa obra de Cyril Pedrosa que fue galardonada con uno de los Premios Esenciales Angoulême en 2008. Una fábula inspirada en la pérdida del hijo de un amigo de Pedrosa, en la que ya se aprecia la impecable técnica narrativa que posteriormente el autor ha desplegado en el resto de su obra (su cómic Portugal es otra delicia costumbrista en torno a las relaciones familiares). Un niño, Joachim, vive una infancia feliz con sus padres, Louis y Lise, en un entorno y circunstancias que podrían describirse como la plena felicidad. Un día, Joachim avista desde la ventana de su dormitorio unas sombras a caballo que parecen buscarle.  Es a partir de ese momento cuando la armonía de la  familia comienza a resquebrajarse, con unos padres conscientes de lo que la visita de esas sombras significa, poniendo fin a la paz y a la alegría que habían disfrutado hasta entonces. Atenazados por el miedo, los padres tratan de alejar al niño en un irremediable intento de retrasar lo inevitable. El padre emprende una huida hacia delante en un viaje que sirve al autor para hablar de la vida y de la muerte, siempre con alegorías, usando como escenarios lugares bellos y misteriosos, en una exquisita mezcla de fantasía y costumbrismo. Los personajes que padre e hijo se cruzan en su viaje ayudan a Pedrosa a metaforizar algo tan difícil de resumir como la experiencia de vivir, también de lo duro que resulta afrontar un final que a todos nos llega antes o después. El grafismo de las viñetas recuerda en ocasiones a los planos visuales de una película, herencia sin duda de su pasado en Disney; su empleo de los claroscuros y el formato de las viñetas le sirven para avivar o ralentizar el ritmo narrativo en función del dramatismo o el dinamismo que quiere transmitir. Su capacidad para emocionar es magistral y resuelve con mucha solvencia las distintas partes de la estructura del relato, consiguiendo un final realmente hermoso. Una historia conmovedora, en la que resulta casi imposible no sufrir por momentos, pero emotivamente bella y que constituye todo un canto a la vida. Que unas vidas son más largas que otras, es un hecho objetivo, como difícil es comprender que en ocasiones  acaban demasiado pronto, algo que el autor resume en unas frases muy poéticas al final de la historia: “en un paisaje de primavera, no existe ni lo mejor ni lo peor. Las ramas de las flores brotan naturalmente. Algunas son largas, otras no lo son.”