Si en una encuesta se pidiera a la gente que nombrara a un científico, la respuesta mayoritaria sería Albert Einstein. Pocos personajes célebres en la historia convocan entusiasmo colectivo y resultan tan familiares como el físico Albert Einstein, cuya imagen también pasó a ser en los últimos años una especie de icono pop art. Los físicos José Edelstein y Andrés Gomberoff reúnen 23 ensayos del célebre alemán que hace cien años predijo las ondas gravitacionales, lo que recientemente ha revolucionado la astronomía con la constatación de su existencia. A través de estos 23 “capítulos”, los autores muestran cómo era en todo su espectro este hombre, a través de sus logros científicos, sus ensayos, su correspondencia, e intentando también separar anécdotas falsas de las que sí son veraces. Para ello abordan el contexto histórico e intelectual en el que se originaron las ideas del físico alemán y también el legado que dejó tras su muerte, con la intención de entender lo disruptor que fue su pensamiento y el impacto que sigue teniendo desde entonces, no obstante sobre sus hombros descansan hallazgos que cambiaron la física para siempre, como la teoría de la relatividad o el desarrollo de la mecánica cuántica. En 1921 recibió el Nobel de Física por sus aportaciones a la Física Teórica, y en concreto, por su descubrimiento de la ley del efecto fotoeléctrico.

Alrededor de la figura de Einstein han crecido decenas de leyendas. «El 95% de las frases que se le atribuyen no son suyas», afirman los autores. Quizás el más injusto de los mitos que le persigue es el que le vincula al  Proyecto Manhattan – el de la creación de la bomba atómica- un vínculo que Edelstein niega con firmeza. «Einstein fue probablemente el único científico europeo de los que emigraron a Estados Unidos que no participó en el Proyecto Manhattan», subraya el escritor.«A través de científicos europeos emigrados, Einstein se enteró de que Alemania iba a utilizar las minas de la invadida Checoslovaquia para conseguir uranio y crear su bomba atómica. Escribió a Roosevelt avisando de que Hitler estaba detrás de la bomba y a partir de ahí se creó el Proyecto Manhattan. Pero no llamaron a Einstein, probablemente, porque pensaban que iba a ser quien más reparos éticos plantease a los planes bélicos. El compromiso de Einstein contra la bomba atómica es tan evidente que, cuando se enteró (seguro que por el periódico) de que se habían lanzado en Japón, fundó junto con el filósofo Bertrand Russell una asociación contra el uso de las armas nucleares. Einstein fue un gran pacifista».

El libro busca el público generalista, por lo que los autores salpican el texto con anécdotas que puedan atraerlo en un intento de hacerlo mas digerible al lector profano en temas relacionados con la cuántica, el espacio y tiempo o el efecto fotoeléctrico. El planteamiento es inteligente y los capítulos tratan de ser ágiles, pero al tratar aspectos muy diversos del trabajo de Einstein resulta inevitable que no consigan entusiasmar por igual; unos resulten absorbentes y otros un tostón. Su encomiable intento por acercar al común de los mortales algo tan complejo como la física a través de la mente de Einstein, no consigue su propósito. Aunque su intención es también resaltar el humanismo del científico, la física gana abrumadamente la partida lo que finalmente hace difícil mantener la atención interesada en el texto -y lo dice alguien con formación técnica- sin aburrirse. En su defensa, hay que reconocer que trasladar con éxito a una mayoría  conceptos complejos comprensibles para una minoría especializada, es algo que está al alcance de pocos divulgadores, y este libro no es uno de los casos. Se aplaude el esfuerzo y la perspectiva original desde la que abordan el asunto – sobre la figura de Einstein hay una cantidad ingente de literatura- pero si no eres estudiante de física o perteneces al gremio, el libro aburre hasta al más perplejo.