¿Se puede articular una novela que aglutine muchos de los problemas emocionales que invaden la sociedad actual si está ambientada en un campamento de verano para niños? Pues Nickolas Butler lo hace y riza el rizo en El corazón de los hombres, usando un campamento de Boy Scouts para hablar de muchas cosas: bondad, maldad, de cómo se forja el carácter desde la adversidad, de la moralidad, de ética, del empobrecimiento de valores de la sociedad actual, pero sobresaliendo por encima de todas un mensaje: lo relevante que puede ser para una persona entablar en la infancia una amistad honesta que permanezca fiel toda la vida. La historia también tiene mucho que ver con el honor entendido desde una virilidad que en los tiempos actuales resulta añeja y que está representada -desde puntos de vista diferentes pero convergentes- en los dos protagonistas principales. Butler sitúa el punto de partida en la amistad forjada entre dos hombres durante su infancia (Nelson y Jonathan) si bien el lector tendrá que extraer sus propias reflexiones al finalizar la historia sobre cómo han entendido esa amistad uno y otro: ¿Realmente la valoraron de la misma manera? ¿Para quién de los dos resultó fundamental en la vida?

Con el campamento de Boy Scouts como epicentro, el autor traza una cronología narrativa que transcurre desde los años sesenta hasta la actualidad, aprovechando para hablar de Vietnam -y el impacto que ocasiona en uno de los protagonistas- de lo que supuso el 11-S o de la elección de Donald Trump. Toda la novela gira en torno al campamento de exploradores como ecosistema perfecto para que Butler psicoanalice los patrones emocionales de todo el que se va sumando a las vicisitudes vitales de los dos amigos. 

Cuatro saltos temporales en la cronología sirven para otorgar protagonismo a nuevos personajes -siempre vinculados a los dos hombres principales de la historia- y para trazar un círculo que se cierra generacionalmente al final. La aparición de nuevos actores en la historia como ramas de los dos troncos que representan Nelson y Jonathan, sirven como truco del autor para derrochar todo tipo de emociones y decisiones éticas que esgrimen un variado análisis psicológico de la sociedad actual, especialmente de la norteamericana. Es entonces cuando vislumbras el objetivo del autor: mostrar a los Scouts -o a los pocos que viven hoy día en su código- como modelos de lo que la sociedad americana ha perdido: “¿Es esta la realidad de la América de hoy? A nadie le dura un matrimonio, nadie es inocente y los Boy Scouts, como cualquier otro código de moralidad, son solo un conjunto anticuado de reglas escritas en piedra”. Quizás el autor se pasa de frenada al sugerir que todo el mundo que habita fuera de un campamento de exploradores es necesariamente inmoral y decadente en mayor o menor grado. Las personas se dividen en héroes o villanos, sin término medio, y las crueldades del destino desembocan casi siempre e irremediablemente en vidas tristes y vacías. Es indudable que los acontecimientos y las circunstancias que nos rodean durante nuestra vida moldean el carácter, pero para Butler eso solo representa la mitad del juego; la otra mitad es cómo nosotros jugamos las cartas que nos van llegando en cada mano que se reparte. Cuando nos intimidan, nuestro padre nos abandona o la vida nos pone delante pruebas que contravienen nuestra moral, ¿nos damos por vencidos, caemos en la amargura?  ¿O nos volvemos más fuertes? Es esto lo que determina quiénes seremos y queda perfectamente teorizado en Nelson, el protagonista principal y objeto durante su infancia de lo que hoy sería un diez sobre diez en la escala de bullying. Sobre si hacemos bien o hacemos mal al jugar nuestras cartas en el dilema de permanente elección moral que la vida actual nos plantea es el estímulo continuo por el que galopa toda la novela.

Aunque el retrato de familias desestructuradas y personajes descarnados suena a mil veces visto en películas y series americanas -una insistencia que nos empujar a creer que es fiel reflejo de la realidad de esa sociedad- la destreza técnica de Butler es tal que poco importa si la historia y los personajes no te interesan como lector; simplemente no puedes dejar de leer ante un despliegue narrativo que abruma y que te pega a cada página desterrando cualquier atisbo de intento de abandono por falta de interés. Un elenco de personajes estereotipados al límite pero de los que no se puede escapar hasta saber qué final les tiene preparado el autor.