Empresas, gobiernos, equipos deportivos o familias, todos se valen de estrategias para avanzar. Cuando pensamos en objetivos que queremos alcanzar, necesitamos fijar el proceso de ideas anticipadoras referidas a acciones destinadas a conseguirlos y además establecerlas de acuerdo a nuestras posibilidades. Eso es una estrategia. Marcamos estrategias -más o menos trabajadas- para casi todo lo que se nos ocurra.¿Cómo aplicar una política económica en el país? ¿Cómo estructurar el gasto familiar para poder adquirir una vivienda? ¿Qué estudios quiero seguir, cómo los voy a pagar y en qué buscaré empleo posteriormente? ¿Cómo ahorraré dinero para la jubilación? Una estrategia es mucho más que un plan. El plan secuencia una serie de acontecimientos que te lleve de un estado a otro. La estrategia surge cuando hay conflicto real o potencial de intereses, cuando se pretende frustrar los planes de otro porque divergen de los nuestros y cuando se requieren soluciones y decisiones que conllevan riesgos y compromisos de cierta entidad. Sobre esta concepción de estrategia, el libro de Lawrence Freedman hace un contundente repaso histórico de lo que ha significado y significa para el ser humano.

Históricamente la estrategia se entendía dentro del ámbito militar,  el terreno más visitado por la humanidad. Las personas guerrean por el territorio, los recursos, ideales religiosos o políticos desde siempre, de ahí que fue en este campo donde se sembraron los mimbres de la concepción de estrategias para doblegar al enemigo.
El autor sin embargo no se ocupa únicamente de la estrategia militar, ya de dominio extenso, sino que abarca casi todas las esferas de la actividad estratégica conocidas por el hombre, o incluso por los animales ya que incluso llega a referir un ensayo realizado en 2001 sobre la evolución y el comportamiento estratégico de los chimpancés, probablemente con el propósito de establecer paralelismos naturales que revelen que, de alguna u otra manera, todas las especies trazamos estrategias para sobrevivir, convivir y evolucionar.

Freedman estructura el libro en tres partes: estrategia de fuerza (militar), estrategia política, que denomina “estrategia desde abajo” porque enfatiza en revolucionarios y desposeídos, y la estrategia empresarial o corporativa, que denomina “estrategia desde arriba”. Previamente repasa el concepto de estrategia centrándose en la Biblia, en la época griega y qué supuso para gente como Sun Tzu o Maquiavelo, para concluir finalmente el libro con una sección destinada a cómo pensamos en estrategia en el mundo actual, con un estilo entre mezcla de pensamiento cultural y de teoría social. Más de la mitad del libro es sobre la guerra, pero le sirve para conectar con el resto de ámbitos en los que la estrategia es ineludible, porque al fin y al cabo los planes los tejen los que tienen poder y por aquellos que lo buscan. Tanto en la guerra como en la competencia empresarial o la cotidianidad familiar, las estrategias presentan las mismas limitaciones: hasta el mejor de los planes se frustra por lo impredecible o lo accidental. Apple tiene una estrategia para vender más dispositivos, como el amigo o la novia para perder peso. El problema es que por más que esté trazada magistralmente, el azar y las circunstancias pueden desviarla hacia un éxito mayor al esperado o dinamitarla.

Varias reflexiones interesantes que se extraen:

  • La estrategia es flexibilidad. Cualquier plan de acción duro y rápido es improbable que sobreviva al primer contacto con el enemigo o circunstancias impredecibles. Si extrapolamos esta visión militar a un electorado en unas elecciones o a la masa consumidora para un producto determinado, tanto consumidores como electores no dejan de ser un complejo sistema cuyas reacciones a la acción no pueden ser predecidas al 100%.
  • Toda estrategia es un intento de imponer la voluntad individual al resto. Cuando fracasan los ejércitos, los estrategas son culpados. Como cuando fracasa una campaña de ventas se culpa al responsable de marketing o el equipo deportivo que tantas expectativas levantó resulta un fiasco. Al final concluimos que si Napoleón hubiera estado a cargo el éxito habría estado asegurado. Nos empeñamos en autoconvencernos de ser arquitectos de nuestro destino obviando que la estrategia es a menudo una secuencia de hechos que se pueden alterar impredeciblemente por las  circunstancias.
  • La estrategia puede estar basada en la fuerza superior (el poder), como Aquiles en la guerra de Troya, o basada en el arte y la astucia, como Ulises y su caballo de Troya.

Lawrence Freedman es el principal analista estratégico de Gran Bretaña y este libro ha sido celebrado por expertos y eruditos. El texto se recomienda a bombo y platillo a todo el que ostente algún puesto de gestión, ya sea empresarial o político. ¡Ojo! este libro no versa sobre estrategia y sus múltiples variantes o modos de afrontarla desde el punto de vista de la gestión. En verdad estamos ante un libro monumental, enciclopédico, que derrocha un gran trabajo de documentación y con tintes de épica por su intento de destripar qué ha supuesto la estrategia en nuestra historia. Pero el libro es un auténtico ladrillo. Ser ensayista -del campo que sea- comprensible para el lector general no está al alcance de cualquiera. Hoy en día son pocos los que pueden presumir de escribir de temáticas concretas con probabilidad de ser leídos por un amplio espectro de público. Desde luego este libro de Freeman no es uno de esos.  Muchas de las cosas que escribe resultan interesantes – menos mal porque el libro tiene 875 páginas- pero la lectura es fatigosa y muy aburrida. Un libro que para nada será referencia entre el mundo del management por más que la editorial gaste en marketing -parte de la estrategia será esgrimir el prestigio del autor- porque el boca-oreja lo destinará al rincón de las librerías como adorno, circunscrito al reducido grupo de eruditos especializados en estrategia militar o política.

Freedman critica veladamente en el libro a todos esos gerentes, directores y gestores que se ven a sí mismos como comandantes de los negocios, influidos por la lectura de “El arte de la guerra” de Sun Tzu y que se han empeñado en exagerar la importancia del gerente ilustrado, el gestor que extrapola interesadamente a su ámbito muchas de las cosas que el texto de Tzu desarrolla. No puedo negarle cierto compromiso a la crítica de Freedman, pero tengo que decir que el texto de Sun Tzu es menos soporífero y más creativo a la hora de extrapolar argumentos aplicables al día a día de la estrategia empresarial. Y se escribió hace unos 2.500 años.