Morir en primavera es una novela del escritor alemán Ralf Rothman. Pacífico es un cómic de Martin Trystram y Romain Baudy . Las historias que cuentan están escenificadas en la Segunda Guerra Mundial y ambas desde el lado alemán. Dos formatos diferentes, pero que son un canto antibélico de gran belleza, especialmente la novela de Rothman.  Morir en primavera cuenta la historia de dos adolescentes reclutados, casi casualmente, cuando apenas quedan meses para la capitulación alemana. Walter y su amigo Fiete, que hasta entonces habían estado viviendo trabajando en una granja, dedicados a sus quehaceres cotidianos y a rutinas ajenas a la dura realidad de la guerra, son enviados con las SS al frente de Hungría. A partir de ese momento Rothman construye muy sutilmente dos narraciones paralelas. Por un lado irá detallando cómo se desmorona la maquinaria de guerra que sometió a todo un continente, la desmoralización de las tropas, el anquilosamiento de los impotentes mandos y la cada vez más acuciante e inevitable sensación de sálvase quién pueda entre los soldados. Los en otro tiempo bravucones y orgullosos soldados del régimen convertidos en personas corrientes que tienen miedo a morir o a caer prisioneros. Por otro lado la historia principal, la tragedia del protagonista, Walter, envuelto sin quererlo ni entenderlo en una carrera hacía ninguna parte, sin redención posible, ¡cómo tenerla siendo del bando nazi!Las guerras las luchan y padecen muchos por el designio de sólo unos pocos. Los bandos se construyen acumulando tanto a los que se pliegan a las órdenes de los mandatarios como los que se rebelan pero acatan. Una vez en el bando, no hay distinción. Matar para que no te maten. Rojos en un lado, nazis exterminadores en el otro. La paleta de sentimientos y caracteres de los que conforman los bandos se diluye bajo el cartel que a cada uno le cuelga. Es por eso que la historia de Rothman resulta tan emotiva, porque lo hace desde el punto de vista alemán (con todo las connotaciones que eso conlleva, porque no todos los alemanes eran nazis exterminadores) y construye una historia real con protagonistas que acatan pero no entienden el por qué. Walter pasa de la noche a la mañana de ordeñar vacas, trabajar para ganarse la vida e intentar ligar con la chica que le gusta, a luchar en el frente. La prosa de Rothman es tan limpia y contenida que por momentos el lector no parece estar sumergido en una contienda bélica, distraído en el costumbrismo de los adolescentes. El autor no se recrea en la crueldad de la guerra, salvo en momentos muy puntuales para envolver adecuadamente las circunstancias de los protagonistas, pero termina girando su pacifismo cuando expone a Walter y Fiete a la más dura de las tragedias. Walter sólo disparará un tiro en la contienda. Lo hará en un pelotón de fusilamiento, con su amigo acusado de desertor frente al mismo. Los parajes morales a los que se empuja a los protagonistas son caldo de cultivo para la reflexión, espacios de conflicto emocional que arrinconan incluso a los propios de la violencia de una guerra. Los dilemas que atormentarán a  Water el resto de su vida son trasladados por el autor con toda su crudeza, con un realismo lírico realmente impactante. El sentimiento de culpa del inocente se relata magistralmente para determinar este bello relato antibélico. La inocencia, la casualidad del destino, la libertad, el deber y la culpa son mezclados a la perfección, donde la prosa sin excesos es tan deliciosa como directa al estómago cuando toca.

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Pacífico sitúa también la acción en la Segunda Guerra Mundial, en la contienda del Pacífico. El protagonista, Udo -también un imberbe adolescente reclutado- llega como operador de radio a un submarino alemán de la clase U-Boot, portando en el escaso equipaje que lleva un libro prohibido por el partido nazi. Descubierto el texto por la tripulación, se intentan deshacer de él para evitar las represalias del capitán. A partir de ese momento la historia alcanza un tono alegórico plagado de metáforas. La recurrente aparición del libro en diferentes partes del submarino, por más que se intenten deshacer de él, termina provocando la lectura de toda la tripulación que sufre una especie de revelación. El claustrofóbico espacio del submarino sirve como escenario ideal para metaforizar la falta de libertad cuando se está sometido a regímenes de pensamiento y privación de libertades, pensamientos y anhelos contrarios al orden establecido que se despiertan en la tripulación a través de la lectura del libro. Como en el caso de Morir en primavera, el capitán del submarino simboliza lo mismo que los oficiales de las SS que comandaban las tropas de Walter y Fiete, el aferramiento a un orden jerárquico de un régimen derrumbándose, enrocados en una retórica que sólo ellos estaban dispuestos a creer ya. Cuando uno de los miembros le pregunta a otro cuáles son sus planes cuando acabe la guerra, su sencilla respuesta “como todo hombre, vivir tranquilo con una bonita mujer…” demuestran que da igual el bando en el que te toque luchar, que salvo los pocos que orquestan las contiendas, los anhelos de la mayoría suelen ser universales y no van más allá de tener una vida próspera y tranquila. El final de Pacífico adquiere tintes utópicos y abierto a interpretaciones. El cómic está bien construido, las viñetas y los escenarios son buenos y disponen con precisión la atmósfera del submarino de guerra (los autores reconocen que presentar el cómic en páginas horizontales ayuda a imaginar mejor la sensación de pasillos, corredores y niveles de un submarino,  sensación que consiguen transmitir). La ambientación merece todo el reconocimiento, así como la originalidad de la propuesta argumental, pero es cierto que flojean en el final y en el exceso de metáforas alegóricas para contar la historia, pero el resultado global es interesante y recomendable. Como en el caso de Morir en primavera, una lectura antibélica que nos recuerda lo atentos que debemos estar a los mensajes populistas, nacionalistas, discriminatorios o de fanatismo religioso, porque la historia nos demuestra que cuando se nos escapan de las manos los desenlaces terminan desembocando en confrontación bélica.