Si te recomiendan un libro de anatomía humana, y no eres ni médico ni fisioterapeuta, ¿te lo leerías?. Seguramente no, pero harás una excepción y no te arrepentirás si lees este bello Aventuras por el ser Humano de Gavin Francis. Un libro sobre anatomia humana, pero también de viajes, de arte, de historia y profundamente humano. Es un compendio de historias sobre el cuerpo, sobre la vida y la muerte, una combinación de experiencias clínicas plagadas de reflexiones sobre cómo hemos imaginado y entendido nuestro cuerpo a lo largo de milenios. Historias basadas en la experiencia clínica del autor, que le sirven para realizar sus reflexiones camuflando convenientemente a los pacientes, a los que une el secreto profesional. Escribe Gavin que de niño quiso ser geógrafo, pero al crecer cambió su pasión por el atlas geográfico por la del atlas de anatomía. Ambas pasiones se reflejan en este original libro, donde se establece una correlación natural entre el cuerpo humano y el planeta que nos da sustento, el cuerpo como un microcosmos. El libro es un recorrido por toda la anatomía del cuerpo, de la cabeza a los pies, de arriba hacia abajo. Gavin lo hace como si de un viaje de exploración y aventuras se tratara. Cada zona en la que se detiene es una mezcla a medio camino entre el relato de viajes, el de aventuras y el del pensamiento humanista en su intento de establecer conexiones sobre cómo somos y cómo nos cambia y adapta la época que nos toca vivir.  Un libro donde se conecta el cuerpo con el arte, la literatura, la astronomía, la música y la historia. Gavin es un escritor de viajes galardonado y a la vez un experimentado médico. Ha ejercido de pediatra, de neurocirujano, de médico de familia, ha trabajado en pabellones de psiquiatría y ha servido como médico en varias expediciones al Ártico y la Antártida. Es un hombre experimentado en los dos campos, la exploración y el conocimiento del cuerpo humano y lo mejor de todo es que sabe escribir sobre ambos.

El recorrido que te invita a realizar Gavin se viste de prosa novelesca, ha negociado historias que atrapen al lector a través de sus pacientes para hablar de algo más que anatomía. Si lees “el suelo estaba cubierto con el típico linóleo que se ve en los quirófanos, que por los lados se ladeaba hasta fundirse con unos zócalos de goma, de modo que la suciedad y los gérmenes tuvieran pocos lugares donde esconderse. En el centro de la sala había una cama con estructura de hierro cubierta con una sábana blanca perfectamente planchada. La puerta se abrió de golpe, y tras ella apareció la doctora McKenzie. Se había quitado la chaqueta de tweed y se estaba arremengando la blusa lentamente” es un párrafo que podría estar incluido en cualquier novela que se te ocurra. Uno de los capítulos más fascinantes es el que dedica a los pulmones. Para Gavin “cuando pienso en los pulmones, las asociaciones que vienen a la mente son la luz, el aire y vitalidad”…” nuestros pulmones resultan ser los órganos menos densos en nuestros cuerpos a pesar de su tamaño, y es porque están compuestos casi enteramente del aire. Hechos de capas de delicado tejido fino, diseñados para maximizar la exposición a la respiración, los pulmones de un adulto ocuparían más de mil pies cuadrados: el equivalente a la cobertura foliar de un roble maduro. A lo largo de nuestra vida esta inmensa membrana drena oxígeno y fuga dióxido de carbono, manteniéndonos vivos”…”cuando se enferman pierden ligereza, se convierten en un lastre que arrastra hacia la tumba“. Las historias reales, contadas como si fueran parte de un relato ficticio, están envueltas de referencias históricas, citas literarias, conexionadas con la antigua Grecia o el Renacimiento. Para hablar, por ejemplo de los hombros, usa como punto de partida la historia de un accidente de motocicleta y las heridas sufridas por el motorista para conectar con pasajes de La Iliada de Homero, de los combates entre Héctor o Aquiles y de la importancia de esta zona de la anatomía en la manera de combatir de entonces. En latín armus significa “hombro”, pero usamos la misma raíz para construir la palabra “arma”. La estructura de los hombros -muscular, ósea y nerviosa- se describe maravillosamente como la rama que crece de un tronco y “… es lo que hace que los nervios del plexo braquial estén tan entrelazados y retorcidos. Homero no sabía cuál era el origen del plexo, pero era consciente de su anatomía y de las ventajas que podía aportar ese conocimiento en la batalla”. Gavin termina hablando de cómo los militares le enseñaron a aplicarse anestesia así mismo, o cómo hacer operaciones sencillas con una sola mano, pero también cómo los patrones de heridas en la época de La Iliada -cabeza, hombros y cuello eran las partes del cuerpo objetivo de los ataques- se corresponden con los casos de violencia doméstica. Los antiguos guerreros sufrían heridas en esa zona bien porque levantaban los brazos para protegerse o para lanzar un ataque. Los médicos que examinan a víctimas de dolencia doméstica suelen fijarse en esos patrones, ya que los antebrazos de las mujeres son los que llevan más golpes al intentar defenderse.

El libro es sencillamente delicioso, elocuente y por encima de todo conmovedor. Es un libro erudito pero alejado de clichés o tecnicismo médicos, absolutamente entretenido y de una bella factura. De lo mejor de 2016.