¿Cuantas veces tienes la sensación que un político que ocupa un puesto relevante toma decisiones sin haber sopesado las consecuencias o de haber sido riguroso en el proceso de la toma de decisión? Richard A. Muller debió pensar que demasiadas, por lo que se decidió a escribir esta especie de “guía para presidentes” -entiéndase líderes en general- que les aporte información que pueda ser valiosa a la hora de tomar determinadas decisiones. Para ello usa los principios fundamentales de la física y abarca cinco campos que tienen hoy día gran impacto en la vida de las personas: energía, calentamiento global, armas nucleares, carrera espacial y terrorismo. Siempre abordados desde la física, porque para el autor el desconocimiento o ignorancia de determinados conceptos de la misma pueden conducir a decisiones que tengan consecuencias nefastas para la humanidad en su conjunto.

Es un libro apto para todos los públicos, no es un libro teórico o excesivamente técnico en el que encontrar conceptos de física pura tratándose de explicar de una manera comprensible. Es un libro divulgativo, escrito en un lenguaje muy sencillo y con ejemplos realmente ilustrativos en los que los conceptos de la física están continuamente presentes de una manera muy didáctica. Muller no escribe para el experto en física, sino para el lector mínimamente cultivado y con afán de conocimiento; sin duda está dirigido a una audiencia difícil, aquellos que pueden no sentirse atraídos naturalmente por la física pero que sienten que es esencial comprender más para poder emitir juicios de valor. En este sentido no decepciona, pues el texto está plagado de sugerencias sensatas en un rango muy amplio de escenarios que resultan familiares en su contexto, aunque no se sepan los entresijos. El autor es especialmente crítico a la hora de destripar estos entresijos y hacer notar lo peligroso de no hacerlo, no hay más que ver hoy día que perjudicial es para la humanidad que, por ejemplo, un tipo como Donald Trump mantenga una postura negacionista tan obtusa en relación al evidente cambio climático.

El mensaje de Muller a cualquier político con poder de decisión es que sea receptivo a rodearse de expertos en la materia -no sólo científica- y sobre todo tener en cuenta sus opiniones, porque “lo que un futuro presidente debe ser capaz de hacer… no son pontificaciones sobre el método científico”. Los líderes suelen crear cargos de confianza que rara vez casan con el interés general y sí con el clientelismo y el interés partidista por motivos políticos y personales. Es por eso que cobra más importancia la comprensión de la metodología científica que conduzca a plantear preguntas adecuadas que permitan resolver problemas globales. El libro es un despliegue de datos destinados a corregir los malentendidos – o falsas verdades interesadas- en asuntos tan sensibles como la energía, el calentamiento global o las armas nucleares, ofreciendo datos devastadores que harán al lector cuestionarse qué sabe realmente sobre determinadas cosas -especialmente en apartados como los del reciclaje o los biocombustibles- y si la información que recibe normalmente se corresponde con la realidad. En este sentido la segunda parte del libro es la informativamente más interesante y la más fácil de seguir, aun siendo la que contiene mucha más física. Es la relacionada con la energía y el calentamiento global, porque en la primera parte del libro se centra demasiado en el terrorismo y las armas nucleares, pero en vez de hacerlo solo desde un punto de vista de la física -que lo hace- divaga demasiado en disertar sobre qué motivaciones conducen a un terrorista a cometer actos violentos y reprobables. Aunque Muller hace al principio una declaración de intenciones “trato de mantenerme alejado de los problemas de la política, los negocios y la diplomacia”, rompe esa intención dedicando demasiado texto a chequear los problemas del siglo XXI derivados del terrorismo y la amenaza nuclear. Es cierto que desde el punto de vista de la física aporta suficiente información a “esos presidentes futuros imaginarios” que les permita impugnar comportamientos actuales destructivos; bien haría un loco como el dictador de Corea del Norte en leer este libro, entre otros. Lo cierto es que el autor es bastante habilidoso a la hora de relacionar los principios de la física con la política, por lo que probablemente gustará a lectores de ambos bandos.

Quizás el apartado más sobresaliente es el que dedica al calentamiento global, lectura que debería ser obligatoria, aunque aprecio cierto gesto esquivo cuando reconoce los desacuerdos sobre la interpretación de datos en este asunto, llegando a escribir “el calentamiento global es real. Es muy probable que sea causado por los humanos“. La situación energética -sus ejemplos son muy ilustrativos- y la carrera espacial -donde deja claro que lo mejor es que usemos robots para la primera fase de exploración a otros planetas y no de humanos, como ahora se pretende- conjugan el bloque informativo más interesante. En el apartado nuclear el ejemplo de radiactividad sucia, sus sugerencias sobre el tipo de centrales que habría que construir de manera más limpia -ahuyentando el lógico temor que se le tiene a este tipo de instalaciones tan contaminantes y potencialmente peligrosas- o sus explicaciones acerca de cómo considerar la energía desde un punto de vista de capacidad destructiva son muy didácticas. “La gasolina contiene más energía que el TNT. Sí, mucha más. De hecho, hasta las galletas de chocolate contienen más energía que el TNT. (…) Las galletas de chocolate proporcionan unas cinco kilocalorías de energía por gramo, cifra que podemos encontrar en cualquier libro de dietética, mientras que el TNT sólo proporciona 0,65 kilocalorías por gramo, es decir, nueve veces menos. La mayoría de la gente se sorprende ante el dato, pero si se piensa, resulta lógico. El TNT no se usa por su alto contenido energético, sino por lo rápido que libera su energía. El motivo de esta rapidez es, que a diferencia de la gasolina o de las galletas de chocolate, no necesita combinarse con aire….”

Un libro de física, pero sin ser de física, que gustará porque se encuentran muchas respuestas a preguntas sobre asuntos muy relevantes que cualquier lector informado se hace hoy día. Un libro que nos recuerda que, aunque son unos pocos los que deciden, muchos de los problemas actuales se resuelven si asimilamos que la voluntad de cambio depende del esfuerzo de todos.