Dos niños, hermanos, caen en un pozo en mitad del bosque, quedando confinados. Llevan una bolsa de comida para la madre, que no tocan incluso cuando el hambre hace mella en sus cuerpos. A partir de aquí, Ivan Repila construye una fábula que explora muchos aspectos de nuestra esencia como individuos. Le mera supervivencia de los hermanos sirve para desplegar un relato plagado de alegorías y metáforas sobre lo mejor y lo peor de nuestra esencia como especie. La propia supervivencia física queda opacada por todas las cuestiones relacionadas con la ética y la moral que el autor propone, siempre desde una trama tan sencilla que sorprende que no necesite efectistas giros de guión o de vuelcos inesperados con los que mantener el suspense del lector. El autor ambienta una atmósfera que recuerda al cuento popular, trazando un ambiente lóbrego muy folclórico y con sabor añejo, como la historia contada por un abuelo al calor de una chimenea. El lugar y el tiempo en el que la historia ocurre no tiene importancia, otro guiño a la fábula de siempre. El paso de los días va quebrando los frágiles cuerpos y mina la cordura de los protagonistas. Las alucinaciones que brotan en sus mentes son las que sirven para desplegar toda una paleta de alegorías que plantean  reflexiones de lo más diverso sobre la esencia del ser humano. El intercambio de diálogos entre los hermanos pone de relieve la brutalidad de la situación, sin paliativos, en una ambientación que asfixia. Ambos sirven para yuxtaponer caracteres, situaciones y balancear opiniones sobre cómo es la condición humana, en especial en situaciones críticas y extraordinarias. El paso de las semanas metidos en el agujero, infra alimentados a base de gusanos y raíces,  evoluciona el  “yo” interior de ambos personajes, en una lucha de supervivencia espiritual casi por encima de la física, ordenando creencias y pensamientos que van más allá de cada personaje. Por qué no tocan nunca la bolsa de comida de la madre tienen una justificación, que aunque inicialmente pueda parecer enternecedora, al final adquiere tintes dramáticos. La dignidad humana parece cubrirnos en un montón de capas, de las que se nos puede ir desprendiendo hasta despojarnos por completo de ella. Mantenerla depende de nuestra resistencia, capacidad de sacrificio y solidaridad.

Lo mejor: una prosa de gran belleza,  en un estilo que impacta y atrapa por momentos

Lo peor: el mensaje repleto de metáforas y alegorías obliga a una atención excesiva, a un ejercicio de interpretación de lo que el autor quiere plantear que puede minar la atención del lector.