El pasado mes de mayo (2016) murió Darwyn Cooke, uno de los ilustradores y guionistas más reconocidos del cómic actual. Los homenajes se han sucedido desde entonces, incluida la pasada Comic Con y se preparan varias reediciones de sus obras. Poseedor de un estilo inconfundible, del que dotó a personajes como Superman y Wonder Woman para DC cómics, me quedo con su gran obra maestra y por la que ganó varios premios Eisner -el Óscar del género – la serie Richard Stark Parker, adaptación noir de las novelas escritas por Donald E. Westlake. Los cuatro libros editados destacan por una factoría impecable. La estética de los sesenta, al más puro estilo de la televisiva Mad Men, se disfruta en cada página y diálogo de las viñetas recreadas por Cooke. No todo el mundo puede crear narrativas efectivas en un género como el cómic, apoyándose en pequeños detalles sutiles y perspectivas analíticas sobre aspectos como la riqueza, el poder, desigualdad, ambición o venganza. La perfección ambiental que consigue en sus dibujos, que te transportan literalmente a la época de los sesenta en EEUU, reflejan tópicos de la trastienda del mundo del hampa en la época. Héroes y villanos, matones y sus amantes, hombres y mujeres que parecen salidos de la factoría de Hollywood, consiguiendo un impacto visual que atrapa.

Parker es una especie de forajido aceptado e idealizado por la cultura popular americana. Un tipo que se enfrenta a las grandes organizaciones delictivas y a la propia policía (siempre reflejada como corrupta), por lo que  aún siendo un ladrón y un asesino, sus acciones se disculpan dentro del marco en las que se ambientan. Parker ha sido llevado al cine por una larga lista de actores: Mel Gibson, Jason Statham, Peter Coyote, Robert Duvall, Lee Marvin, Jim Brown… Cooke, en los cuatro volúmenes que pudo acabar, se centró en la parte más heroica del personaje, deleitándose en el dibujo clásico de la época. Cada uno de los cuatro volúmenes se desarrolla en una única tonalidad de color (además del blanco) sin restar un ápice al despliegue de virtuosismo que destila viñeta tras viñeta. Venganzas, atracos, persecuciones y luchas de bandas te transportan inevitablemente al cine de gánsters de los cincuenta, sesenta y setenta.

Ganador de once premios Eisner, los tres primeros de su carrera por la serie The new frontier para DC (y por los que adquirió el reconocimiento y la fama), siete pertenecen a las adaptaciones de Parker y el último por una serie de portadas variantes para coleccionistas, con imágenes cotidianas de Bruce Wayne, Clark Kent o Aquaman con su esposa. Muchos de sus dibujos se están convirtiendo, desde su desaparición, en cotizadísimas láminas de arte.

Aunque se hizo famoso dibujando para DC cómics, una vez consolidado en la industria se alejó del cómic de superhérores porque en su opinión estaba “demasiado sexualizado y violento, las compañías se están olvidando del para todos los públicos“. Aunque el Parker de su serie es de todo menos un alma cándida, el estilo de Cooke apuesta por un grado de violencia muy alejado de la tendencia actual, más proclive a mostrarla siempre desmedida, sangrienta y cruel, tanto en los cómics como en las series televisivas.

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