En verano de 2015 se celebró el 70 aniversario del fin de la II Guerra Mundial, y por esas fechas me recomendaron leer la historia de uno de los personajes que resultaron claves en el desenlace de la misma, la del español Juan Pujol García. Stephan Talty cuenta en Garbo, el espía, la sorprendente historia de este hombre, sobre el que recayó gran parte del éxito del famoso, y a la postre crucial,  desembarco de Normandía, la mastodóntica operación militar que supuso el comienzo del fin del ejército nazi.

Juan Pujol García, cuyo nombre en clave fue Garbo (por sus dotes interpretativas), fue el hombre que consiguió convencer a la Abwehr -el servicio de espionaje alemán- y al propio Hitler de que el esperado desembarco de los aliados sería en Calais. El ejército alemán concentró sus tropas allí y desprotegió la zona de las playas de Normandía, facilitando el masivo desembarco. Talty cuenta con todo detalle los pormenores de la historia de Garbo , que con una portentosa imaginación como única arma, consiguió que los alemanes se tragaran uno de los mayores bulos de la historia del espionaje. Juan Pujol, un hombre sin formación, mediocre en la mayor parte de las facetas de su vida y que después de haber sufrido los rigores de la guerra civil española no tenía perspectivas de un futuro demasiado halagüeño, decidió coger las riendas de su destino y  convertirse en espía por un doble motivo: luchar contra el nazismo y sacar partido a lo que consideró que era su principal talento, una increíble imaginación.

Uno no puede evitar asistir a la lectura de las andanzas de este espía con auténtica estupefacción. Una vida novelesca, delirante, descabellada en muchos momentos y casi inverosímil, si no fuera porque la historia atestigua que la realidad fue como se cuenta en el libro. Llega a resultar esperpéntico cómo Garbo consiguió engatusar a la Abwehr y posteriormente al MI5, en el que intentó ingresar sin éxito repetidas ocasiones. Para los británicos, lo que aquel hombre contaba cada vez que se presentaba en una de sus oficinas ofreciéndose como agente no tenía ningún sentido. Finalmente lo reclutaron, cuando no tuvieron más remedio que rendirse a la evidencia de que Pujol conseguía dinero suministrando información falsa a los alemanes, que admitían como veraz sin ningún tipo de pudor pues tal era el poder de convicción de la inventiva de este personaje.

Los primeros capítulos del libro, centrados en la vida de Juan Pujol antes de convertirse en espía, son bastante aburridos y no es hasta bien pasado el ecuador del texto donde se capta el interés por continuar. La descripción que Talty hace de la primera parte de la vida del espía, los años de la II República y la guerra española es muy endeble y no logra sumergir en la atmósfera del momento. Pero en cierta manera tiene su gracia a posteriori porque en el fondo son un refrendo de que la vida de Pujol, más allá de las penurias propias de la guerra civil española que padeció, carecía del mínimo interés porque era un tipo bastante anodino. Es por eso que resulta realmente increíble la transformación de este hombre en un as de la mentira, sorprendiendo su astucia para enredar en tramas inventadas a ejércitos de uno y otro bando. Garbo consiguió ser un mago del engaño, haciendo que lo que parecía descabellado se convirtiera en realidad, desplegando una imaginación excepcional y una destreza impresionante inventando toda una red de espías falsos y operaciones inexistentes. Datos y tramas que sólo existían en su cabeza, exhibiendouna enorme capacidad de memoria para no caer en errores que lo delataran, habida cuenta de la dimensión de la maraña que llegó a crear.

Una guerra que comenzó a terminarse gracias a la persuasión del espía que se inventó a sí mismo, capaz de hacer creer a cualquiera lo que se propusiera. Tanto fue así que incluso después del desembarco,  logró convencer a los alemanes de mantener sus tropas en Calais, haciendo inútil la reacción días después. El colmo del esperpento alcanzó cotas surrealistas, cuando semanas después fue condecorado por los nazis con la Cruz de Hierro con hojas de roble por ser considerado “el espía más brillante del servicio alemán”. Su esposa, al finalizar la guerra, acudió a la embajada alemana de Madrid a reclamar el dinero que le debían por los servicios prestados.

Cuando acabó la guerra, Pujol hizo creer a su familia que había muerto y huyó de Europa por el temor a represalias de nazis supervivientes. Apareció después de cuarenta años y de haber convertido su paradero en el santo grial de los historiadores del espionaje de la segunda guerra mundial.

 

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