Después del rotundo éxito que cosechó con su libro Nacidos para correr, McDougall aprovecha la estela para profundizar en la creciente tendencia por realizar ejercicio físico extremo que inunda el globo. Un ensayo a camino entre la pasión por hacer deporte, la antropología y la sociología. Nacidos para ser héroes busca motivar  que la gente vuelva al entrenamiento físico que recupera los secretos perdidos de la fuerza y la resistencia, porque el modo natural de entrenar para el ser humano no fue el basado en las máquinas de gimnasio y las rutinas que buscan la atrofia, el crecimiento muscular y la exhibición del físico.
Se vale de un original gancho para invitarnos a su lectura. Usa como hilo conductor una historia real ocurrida durante la II Guerra Mundial, y que relata como una vieja novela de espías por fragmentos. En Grecia los nazis ocuparon la Isla de Creta, que consideraban un bastión imprescindible para el control de todo el área Mediterránea y uno de los accesos a Rusia por el sureste. En abril de 1944 el general nazi en la isla era misteriosamente secuestrado. No hubo disparos, no hubo derramamiento de sangre ni señales de lucha. El General Heinrich Kreipe simplemente se esfumó. El comando de secuestradores, mezcla de británicos y de cretenses, se sirvió de su astucia y de sus cuerpos como únicas armas para ejecutar el plan.

Para McDougall estos hombres son el modelo perfecto de pura resistencia física como base de partida con el que desgranar su visión de entrenamiento deportivo. Los captores tuvieron que desplegar un auténtico derroche de fuerza y resistencia para  huir con el secuestrado a través de las escarpadas montañas cretenses, esconderse en las cuevas, saltando y corriendo por sus riscos. Creta le sirve de paso para establecer los paralelismos con los héroes de la mitología griega. Los griegos clásicos admiraban e intentaban imitar las hazañas de sus héroes: Hércules, Ulises, Perseo, porque el heroísmo no era una misteriosa virtud interna, sino una serie de habilidades que todos podemos desarrollar y desplegar cuando la situación lo requiera. Creta es conocida también como la isla de los Héroes.

Mediante la acción de este comando atípico, McDougall redefine el ideal heroico, estableciéndolo como un conjunto de habilidades: “durante gran parte de la historia humana“, escribe, “el arte del héroe no fue dejada al azar, sino que era un esfuerzo multidisciplinario dedicado a la nutrición óptima, autodominio físico y condicionamiento mental.”

Lo cierto es que la historia novelada de la hazaña apenas ocupa una mínima parte del texto. Simplemente es un hábil pretexto para que el autor justifique con precisión la bondad de entrenarnos físicamente en la naturaleza, usando nuestro cuerpo como peso y resistencia. En el libro podemos empaparnos con detalle,  a través de ejemplos de los que lo idearon y pusieron en práctica, de tres aspectos fundamentales de esta manera de ejercer el entrenamiento físico: el llamado método natural, el basado en el control de la fascia (el tejido que envuelve todo nuestros órganos y músculos), y el que usa la grasa corporal  como combustible. Los tres métodos devuelven a nuestros cuerpos la flexibilidad, fortaleza y  su utilidad primitiva de manera natural. Hoy en día se empiezan a imponer variantes de entrenamiento que se basan o combinan los tres, como por ejemplo el crossfit, una disciplina cada vez más popular. Se trata de tener un físico fuerte para ser útil, centrándose en la función y no en la apariencia.

Ya en Nacidos para correr McDougall se preguntaba por qué hay épocas de la historia en las que el ser humano corre más que en otras; llegó a la conclusión documentada que lo hacemos cuando las cosas empeoran. Quizás las malas noticias nos hacen salir a buscar nuestro optimismo donde sea. Así relataba que el primer boom ocurrió después de la Gran Depresión, luego después de la guerra de Vietnam, otro boom después de los atentados del 11-S, y el último después del crack mundial de 2008. En España, sin lugar a dudas que el running ha explotado precisamente en estas fechas, las de la crisis, y nuevas maneras de entrenar como las que ahora defiende McDougall se imponen.

Los humanos no necesitamos correr, como no necesitamos hacer triathlones, escalar, o un iron-man, pero realmente parece que así fuera. Como dice el escritor Haruki Murakami -que corre diariamente desde 1982- correr es un tiempo en el que uno está solo. Solo con sus pensamientos, ideas, sufrimiento, pesares y alegrías. Uno desconecta de las ocho horas en la oficina o de las ocho horas que lleva pensando que no tiene un trabajo. Los músculos corren, se fatigan y se agarrotan. Pero la sensación final es de bienestar. Igual ocurre con el crossfit, la escalada, la natación o la bicicleta. Cuando uno se lanza a entrenar, comprueba que músculos y mente se desgajan. Uno entrena, pero los pensamientos están en otra parte, no en el dolor del esfuerzo físico.