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Hablar con extraños

La gente solo ve de nosotros lo que queramos que vea. Por eso, los espías parecen personas leales, los mentirosos parecen honestos y la gente nerviosa puede parecer culpable. Nuestra cara y gestos faciales no son una guía tan confiable como creemos, o por decirlo en palabras del Hamlet de Shakespeare, “uno puede sonreír y ser un villano”. Qué debemos saber sobre las personas que no conocemos es el propósito de Malcom Gladwell en su nuevo libro, aunque no hallaremos respuestas fáciles, sino más bien un muestrario de comportamientos imprevisibles de personas que aparentemente, ahí está la clave, no hacían sospechar que pudieran reaccionar de una manera determinada en situaciones concretas. Gladwell, cuya fama se ha cimentado por su capacidad de desarrollar ideas complejas de manera sucinta y clara, vuelve a exhibir esa escritura fácil a la hora de explicarnos sus teorías, con la que ganó una merecida y brillante reputación como articulistas antes de su exitosa trayectoria literaria.

Usa el ejemplo de una joven negra llamada Sandra Bland para mostrar de qué va su libro. En Texas, en 2015, Bland fue detenida por una infracción de tráfico por un policía llamado Brian Encinia. El encuentro degeneró rápidamente en una discusión, cuando el agente terminó exigiéndole que saliera del coche, solicitó refuerzos y la arrestó ante la supuesta actitud hostil de la mujer, que no fue tal y que simplemente trataba de entender por qué aquel policía la había parado. Días después Bland fue encontrada muerta en su celda. Seguir leyendo “Hablar con extraños”

POR QUÉ EL TIEMPO VUELA

Pensamos constantemente en el tiempo: estimamos su duración, consideramos el ayer y el mañana, distinguimos el antes del después. Habitamos en él tiempo y sobre él, anticipando, recordando, comentando su paso. El tiempo pasa, se desliza, vuela, se escapa, fluye y se define; es abundante o escaso. Lo ahorramos y lo gastamos como el dinero. Nuestra espinosa relación con la percepción del tiempo animó a Alan Burdick a embarcarse en este ingenioso, intimista y elegante Por qué el tiempo vuela. A partir de su propia percepción e interpretación de las horas del día y de cómo influye el paso del tiempo en su vida, inicia una rigurosa exploración que trata de explicarnos cómo el tiempo dictamina nuestras vidas y las diferentes maneras que tenemos de afrontarlo y medirlo. Burdick es redactor en The New Yorker y colaborador en el blog de ciencia y tecnología de la revista. Es esta faceta “científica” la que se despliega en el libro revelando una gran capacidad divulgativa para traducir al lenguaje cotidiano estudios y terminología científica, evitando limitarse a transmitir el conocimiento adquirido mediante su  proceso de documentación. El resultado es más bien una vibrante aventura de descubrimiento y a juzgar por sus conclusiones, es más interesante lo que aún no sabemos sobre el tiempo que lo que ya sabemos. El tiempo es algo que nos afecta directamente, con el que luchamos constantemente, nos vuelve locos, nos abre posibilidades, nos pierde o nos satisface. Seguir leyendo “POR QUÉ EL TIEMPO VUELA”

LA FÁBRICA DE CANCIONES

Hasta finales de los noventa y principios de siglo el panorama musical se repartía en grupos musicales y solistas con estilos muy diferentes, perfectamente reconocibles y distinguibles entre ellos. Bandas de rock, grunge, punk, pop, jazz, blues, techno, la paleta era amplia y variadísima. Sin embargo hoy día jóvenes de todas partes consumen música prácticamente indistinguible, en la que sólo varía el artista que la interpreta. El escritor y articulista en The New Yorker John Seabrook, ha realizado un riguroso trabajo documental en La fábrica de canciones sobre esta tendencia de homogeneización de los estilos musicalesEn el libro explica con detalle cómo es la nueva industrial musical y quiénes son los actores principales de lo que podríamos denominar factorías de música. El título resume a la perfección qué es la música de hoy en día: el producto de una fábrica digitalizada que manufactura canciones determinadas porque sabe cómo estimular melódicamente el cerebro de los receptores para que sean aceptadas y encumbradas. Seabrook describe el profundo cambio del negocio musical y cómo se producen los hits musicales, hits que parecen “productos industriales, hechos para centros comerciales, estadios, aeropuertos y gimnasios”. La mayoría de las canciones son una especie de anuncio publicitario de tres minutos que exhibe la imagen sexual del artista que la interpreta. Los artistas siguen ocupando un lugar relevante en las canciones, pero más como figuras vocales que como cantantes. La canción de hoy día es una composición digital fabricada  para una audiencia masiva con un gusto similar, un gusto que ha sido educado fruto de un patrón digital en la tipología de canciones que lleva varios años influenciando. Es por eso que terminan pareciéndose todas tanto, porque las bases rítmicas y melódicas siguen patrones similares. Como teme el autor, la música va camino de sonar toda igual. Seguir leyendo “LA FÁBRICA DE CANCIONES”

LA OFICINA, una mirada divertida al lugar de trabajo

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