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The Book Hunter

Estímulos del pensamiento escrito

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THE PRIVATE EYE

No hace tanto que vivíamos sin internet y sin embargo, la dependencia que tenemos de la red es tanta que imaginar un mundo sin acceso y conectividad sería como una pesadilla. Sobre semejante suposición, la ausencia de internet auto impuesta por los humanos en un mundo futuro, monta The Private Eye una propuesta lectora de lo más adictivo. La acción de la serie ocurre en Los Ángeles en 2076, décadas después de que una catástrofe en la red llamada “la inundación” desatara una fuga masiva de la información personal y privada en el mundo. El guión parte repleto de ocurrencias muy revolucionarias, como que el periodismo sea ahora un estamento gubernamental en una especie de policía civil cuya misión es publicar y velar por la difusión oficial de cualquier hecho. O que en pos de la privacidad perdida por la difusión en su día de todo tipo de datos personales en internet, se permita a todos los individuos crear una identidad alternativa para sí mismos y usarla a su criterio. Los autores articulan esta particularidad disfrazando literalmente a todos los habitantes, una metáfora y a la vez un contundente recordatorio de lo importante de saber gestionar la privacidad, llamando nuestra atención sobre la excesiva exposición pública que ejercemos hoy día en redes sociales. Pero por revolucionario que resulte el escenario que monta Vaughan, el cómic no es más que una novela negra muy atractiva, en el que el elenco de personajes que van apareciendo siguen los estereotipos del género. La aparente y sencilla tarea de verificar unos antecedentes por parte del protagonista, un detective privado (en este caso un paparazzi) envuelto en los tics más reconocibles del género, desembocará en un complejo y misterioso caso de asesinato cuya resolución ayudará a salvar al mundo de un poderoso villano.  Seguir leyendo “THE PRIVATE EYE”

CONTRA EL REBAÑO DIGITAL

El filósofo Karl Popper afirmaba que la ciencia es un proceso que descalifica ideas conforme avanza, por eso uno no puede creer de manera razonada que la tierra es plana, algo sin embargo totalmente aceptado hace cinco siglos. La ciencia elimina ideas empíricamente, por más que nos resistamos a aceptar en el consciente colectivo determinadas pseudoverdades, los datos terminan antes o después por revelar la verdad. Sin embargo, la digitalización de nuestras vidas está distorsionando determinados procesos de anclaje de ideas e ideologías, provocando que pensamientos políticos o modas de cualquier tipo creadas por casualidad, se anclen en modo de orden establecido (afortunadamente muchas de ellas de manera muy efímera en el tiempo) contraviniendo cualquier estadística o empírica anterior. Esto se debe a que nos hemos convertido en un rebaño digital (La Colmena en argot de los programadores) que aupa y desmorona imperios empresariales a golpe de clic y fija modas y corrientes basadas en preceptos inconsistentes, frívolos y carentes de rigor. Para alertar sobre cómo estamos haciendo uso del mundo digital, Jaron Lanier -considerado uno de los pioneros de la realidad virtual- escribe este manifiesto Contra el rebaño digital, que a pesar del título es un alegato en favor de la digitalización y el avance tecnológico, pero a través de una feroz crítica sin paliativos al mal uso que se hace de la red. Lanier aboga por rechazar el totalitarismo cibernético como base para tomar la mayoría de nuestras decisiones, pero reconociendo la utilidad de muchas de sus ideas producto de la colectividad.  Seguir leyendo “CONTRA EL REBAÑO DIGITAL”

INTERNET NOS CAMBIA COMO ESPECIE

Nicholas Carr, ex-director de la Harvard Business Review, autor del exitoso (y polémico) libro Superficiales, ¿qué está haciendo internet con nuestras mentes? , advertía sobre la incitación de internet a buscar lo breve y lo rápido alejándonos de la posibilidad de concentrarnos en una sola cosa. Pasamos muchas horas frente al ordenador saltando de página mientras hablamos por Skype, contestamos al correo, comentamos en Twitter, mensajeamos por Whatsapp y miramos Facebook. Internet y las redes sociales alientan la multitarea y fomentan muy poco la concentración. Hemos entregado nuestra vida a la multitarea digital. Carr es defensor de un uso racional de la tecnología, y alerta sobre la trampa de pensar que el uso que hacemos cada uno de nosotros de la misma es opcional: si tus colegas de trabajo te envían treinta e-mails al día y tú decides no mirar el correo, tu carrera sufrirá. Si te sales del grupo de Whatsapp, o no interaccionas por Facebook, tus relaciones se tambalean. La tecnología no es neutral, cambia las normas sociales e influye en nuestras elecciones. Somos seres más eficientes procesando información pero menos capaces para profundizar en esa información, y al hacerlo no solo nos deshumaniza sino que nos uniformiza. En contrapartida, Jonathan Harris, ingeniero informático y artista digital con obra permanente en el MOMA, defiende la bondad terapeútica de internet y el potencial unificador  y humanizador de la tecnología, aunque se alinea con Carr y anima a recuperar el foco y evitar la dispersión contínua de nuestra atención. Dos caras de la misma moneda sobre las que basar reflexiones.

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