Veintidós años ha tardado Jason Lutes en completar la espléndida trilogía Berlín, una novela gráfica monumental -600 páginas repartidas entre los tres tomos- llamada ha convertirse en todo un referente. Ha pasado tanto tiempo desde la edición del primer y segundo tomo que he tenido que volver -con sumo placer- a leerlos para refrescar personajes e historias. Es una novela costumbrista a la vez que histórica, o histórica a la vez que costumbrista, porque a través de cómo evolucionan las vidas de los personajes se desgrana, en su cotidianidad y con suma precisión, cómo fueron sucediéndose los cambios sociales de la época que derivaron en el auge del nazismo y las consecuencias que esto tuvo, de sobra conocido. Centralizada en el Berlín de finales de los veinte y primeros de los treinta -la historia se desarrolla entre 1928 y 1933- relata la vida de una joven, Marthe Muller, que llega a Berlín en 1928 para estudiar arte. En el tren conoce al periodista Kurt Severing, que se convertirá en pilar fundamental de la historia, y en Berlín su vida se entrelazará con la de una familia, dividida en su seno por las preferencias políticas; la mujer, Gudrun, inclinada hacia las ideas comunistas, mientras que padre e hijo simpatizan con la derecha más radical.

Los personajes se rodean de vidas propias y trasfondos muy completos, con problemas y aspiraciones universales, que bien podrían ser los de cualquier persona hoy día. La brillantez de Lutes radica en su capacidad para crear alrededor de ellos una atmósfera que los envuelve en una especie de sombra que acecha paciente en el tiempo, como premonición de lo que está por venir: el nazismo. Describe las vicisitudes cotidianas de todos ellos, introduciendo poco a poco en los acontecimientos temporales de sus historias lo que está ocurriendo alrededor, como si de un ruido inquietante de fondo se tratara, que al principio solo es un rumor pero que a medida que avanza la historia se hace cada vez más y más fuerte.

Las viñetas de Lutes despliegan un espectacular sentido del espacio. El detalle con el que reproduce edificios y calles de la época es sencillamente extraordinario, tanto como su concepción del “tempo” de la historia y la manera en que relata la evolución vital de los personajes y los profundos -y violentos- cambios sociales de la ciudad. Consigue exhibir con asombrosa realidad la polarización de la sociedad entre izquierda y derecha, los estragos del desempleo y de cómo este empuja a los más desesperados  a tomar partido por necesidad no basado en la razón, los conflictos entre las milicias que surgen en la ciudad y el nacionalismo que comienza a mostrar su antisemitismo. También muestra el declive cultural de una ciudad, que pasó de ser foco y envidia de su dinamismo a una urbe peligrosa e inquietante.

Un documento visual excepcional muy recomendable.