Brodeck es una especie de guardia forestal en un pueblo perdido en mitad de las montañas. Vive humildemente, lastrado por los recuerdos de su padecimiento en un campo de concentración, años atrás. Un día tiene lugar un acto violento en el pueblo. El único extranjero del lugar es asesinado, un asesinato en el que parecen estar implicados todos los hombres del pueblo. A Brodeck, el único no implicado,  le encargan que redacte un informe que ayude a “comprender y perdonar”. A partir de ese momento, Brodeck vuelve a revivir muchos de las emociones del pasado. Siente miradas inquisitivas, desconfianza, ve aflorar miedos y odios del pasado, a sufrir la presión por manipular el sentimiento de justicia y asiste atemorizado a la distorsión entre el bien y el mal.

Estamos ante una obra impactante. Las viñetas en blanco y negro se apoderan del lector desde la primera página, creando una atmósfera subyugante. Contundente y demoledora en la escenificación, el tono negro de los dibujos se funde indisolublemente con la trama que narran, tan oscura como los trazos del dibujo. El asesinato del que parte la historia no es realmente lo más dramático de la historia. La contundencia de la historia radica en el porqué del asesinato. Un acto  consecuencia de nuestros miedos y odios más irracionales, los que aparecen cuando se cuestiona lo convencional, lo cotidiano, revelando lo terrorífica que puede ser el alma humana. Comprobar la fragilidad de nuestra moral y lo fácil que es tornarla perversa, provoca todo un puñetazo a las entrañas de la conciencia.

El cómic se basa en la novela de Philip Claudel, una trama que navega en todo momento por las aguas de la ambigüedad. Aunque nada de lo que se narra es explícito, todo queda claro a ojos de lector. La sutileza con la que el autor plantea las situaciones no da cabida a malinterpretaciones. El campo de concentración del que sale Brodeck, las fuerzas militares que gestionan esos campos, qué significado ocupan en el imaginario los que son considerados dIferentes y por qué deben ser apartados de la sociedad, el comportamiento de los que se creen superiores, el comportamiento de los que no opinan igual pero quieren sobrevivir. Se dice todo sin decir nada en un ejercicio de brillantez absolutamente embriagador. Soberbio.

El dibujo es tan bello como efectista. La atmósfera perturbadora resulta asfixiante por momentos. Los guardianes del campo  -y sus perros- pierden sus rasgos humanos, adquiriendo expresiones grotescas. Larcenet consigue transmitir todo el horror sin apenas diálogo cuando trata los flashback de Brodeck en el campo. La podredumbre moral de los guardianes y sus mandos resulta no ser exclusiva. Qué significa ser culpable o inocente pierde todo significado moral para el protagonista, que aunque vive sus días manteniendo su integridad y su honestidad, no sabría decir qué es justo y qué no lo es cuando tiene que enfrentarse al asesinato del pueblo, perpetrado precisamente por aquellos que en su día fueron víctimas del sometimiento. ¿Cómo el ser humano olvida tan pronto sus errores e injusticias pasadas? es una pregunta que sobrevuela continuamente en el pensamiento del lector.

El asesinado, apodado “el otro” por los lugareños, es un extraño individuo que llega a la aldea y que en ningún momento da muestras de entrañar peligro alguno. Simplemente personifica lo diferente. Su único “delito” es que nadie sabe quién es y sus hábitos y costumbres son distintos, una situación que a cualquiera le resulta familiar en muchos contextos y situaciones que se viven en la sociedad actual. La parábola con moraleja de la historia cohabita en los dos personajes principales, Brodeck y “el otro”. Ambos nos recuerdan muchas paralelismos actuales:  yihadismo, la guerra en Siria, la crisis de la inmigración o los mensajes proteccionistas y xenófobos de Donald Trump en EEUU.

En un pasaje, Brodeck afirma “de todos yo soy el único inocente. Al escribir estas palabras comprendo el peligro que representa ser inocente entre culpables. En el fondo, es casi lo mismo ser el único culpable entre inocentes”.

Un cómic demoledor que agitará conciencias.