La tensión política y la amenaza de una guerra nuclear entre EEUU y Corea del Norte mantiene en vilo al mundo estas últimas semanas. Una lectura recomendable para la pareja de idiotas formada por Donald Trump y Kim Jong-U sería La Iliada, del poeta griego Homero. La lucha entre troyanos y griegos muestra lo destructiva y letal que puede ser la confianza ciega en el triunfo propio, lo perjudicial -y peligroso- que resulta disfrazar nuestra determinación bajo una creencia absoluta en la victoria. Es esa distorsión la que llevó a los reyes griegos MenelaoAgamenón -especialmente- y al troyano Príamo a insistir en la guerra durante nueve largos años, cada uno enrocado en sus posiciones, obcecados por una fe inquebrantable en la gloria del triunfo. La realidad es que los troyanos querían poner fin al asedio y los soldados griegos regresar a sus casas con sus familias, porque lo que la inmensa mayoría de la gente -por aquel entonces y hoy día- quiere en la vida es vivir pacíficamente. Homero pone el siguiente dilema en boca del guerrero Aquiles:  “Hay dos clases de destino que me han llevado/hacia el día de la muerte. Si me quedo aquí/ y lucho al pie de la ciudad de los troyanos/nunca volveré a la tierra patria, pero mi gloria será eterna/y si regreso a casa, a mi querida tierra patria/no brillará mi gloria, pero tendré una larga vida/y mi final en la muerte no llegará tan rápido”.

Son tipos como Agamenón, Trump y Kim Jong los que arrastran al caos porque priorizan la gloria personal sobre cualquier otra cosa, sin importarles lo que quiera el resto del mundo. Lo malo es que estamos a merced de sus delirios.