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Naturaleza

El planeta inhóspito

Que el medioambiente que nos rodea está afectado por la acción directa del ser humano es algo que ya conocemos todos. El clima se ha vuelto extraño y poco predecible, precisamente cuándo más herramientas tenemos para pronosticarlo, las capas de hielo se están derritiendo y la lista de especies animales en peligro de extinción no para de engordar. Sabemos que nuestros hijos, y los hijos de nuestros hijos, si son imprudentes o lo suficientemente valientes para reproducirse, se enfrentaran a ciudades costeras desaparecidas, tormentas cada vez más virulentas y catastróficas, incendios masivos y sequías que arruinarán extensas áreas de terreno. Digamos que hay un sentido general de todo eso que se nos cuenta, pero  ¿entendemos realmente la escala de lo que nos viene? Ese es el objetivo del libro de David Wallace-Wells, diseccionarnos con precisión -añadir que catastrofista se quedaría corto- las consecuencias que sufriremos si no tomamos medidas, reales, globales y mastodónticas, al respecto. Porque el quid de la cuestión  es que según él no calibramos la magnitud del problema, que es “peor, mucho peor, de lo que crees“. Seguir leyendo “El planeta inhóspito”

Alexander von Humboldt (1769-1859) fue la primera persona que habló de las funciones fundamentales de los bosques en el ecosistema, de cómo los árboles protegen contra la erosión del suelo, de cómo pueden almacenar agua y de cómo enriquecen la atmósfera con humedad…fue el primero en hablar de la naturaleza como una red interconectada y ya alertó en el siglo XIX “del peligro del cambio climático provocado por los hombres“. Andrea Wulf ha escrito La invención de la naturaleza para recuperar la memoria de este visionario científico y aventurero, porque hoy no queda nada en el imaginario colectivo de quién fue Humbold, calificado en su tiempo como el hombre más importante del mundo. Para la autora, su memoria murió de éxito porque logró que sus ideas arraigaran en las nuestras hasta tal punto que nos resultan innatas y naturales. Un hombre que no sobresalió por su inteligencia sino por su amplio conocimiento y por un afán incansable por acapararlo, lo que lo convirtió en una especie de científico con vocación de entenderlo todo, con ánimo, energías y voluntad de abarcar cuantas disciplinas excitaran su curiosidad, que fueron básicamente todas y con el plus  de ser además un intrépido explorador que escaló volcanes, navegó el Orinoco y atravesó Siberia en plena epidemia de antrax. Darwin y personajes como Pushkin, Thomas Jefferson, Thoreau o Simón Bolivar, entre otros (la lista en el libro es larga)) se declararon deudores de su pensamiento. El libro transmite un esfuerzo exhaustivo y encomiable de documentación -parte del prólogo describe los viajes y estudios de la autora al respecto- que aunque colma de parámetros científicos y académicos el texto, está relatado casi como una novela de acción. Transpira un espíritu divulgativo muy accesible y se lee como un relato de aventuras. Una lectura no solo para aquellos concienciados con el medio ambiente, también para el que tenga afán de conocimiento y espíritu aventurero.

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