El alunizaje del ser humano es percibido hoy día casi como una leyenda.  El tiempo transcurrido desde la proeza (julio de 1969), una tecnología muy inferior a la actual y las historias que desde entonces cuestionan que todo fue un montaje -que no se sostienen- han envuelto en un aura casi mística un acontecimiento que, probablemente, ha sido el mayor hito de la humanidad. Neil Armstrong fue la primera persona en poner un pie en un plantea diferente al nuestro. Las hazañas espaciales de Armstrong y Buzz Aldrin -el astronauta que lo acompañaba cuando aterrizaron en la luna-, así como las del resto de astronautas de misiones posteriores, figuran ya como eternos en los libros de texto de historia, en especial en los de Estados Unidos. Sin embargo, durante las últimas décadas, Neil Armstrong -fallecido en agosto de 2012- podía entrar en cualquier supermercado y no ser reconocido. Esquivo con los medios de comunicación y muy firme en su decisión de no comerciar con su “paseo lunar”, Armstrong vivió en una granja de Ohio, con su segunda esposa, hasta su muerte. No lo hizo como un ermitaño, pues se prodigaba en artículos científicos y en conferencias vinculadas a la ingeniería aeronáutica o la investigación especial, pero siempre haciendo gala de un carácter humilde alejado de la falsa modestia y sin ninguna intención por acaparar la atención mediática más allá de lo inevitable. Consciente de su logro, su vida se caracterizó por un afán de conocimiento excepcional en el campo de la aeronaútica y por un notable esfuerzo en colaborar en el desarrollo de la tecnología que llevó al hombre al espacio, más que por ser elegido -como así fue finalmente- como el miembro de la tripulación que sería el primer humano en pisar la luna.  Seguir leyendo “El primer hombre, la vida de Neil Armstrong”